1. Olvidar esta semana, quiero

    Escribió eigual el día 12 Agosto 2010

    No está siendo mi mejor semana. Pero sí, la más intensa. La más relevante. La más definitiva, por muchos motivos. Esta semana, he ganado cosas y perdido otras. He perdido sentimientos por algunas personas. Sentimientos que estaban ahí, pero que cuando una persona te demuestra su verdadera cara, entonces, ese sentimiento se transforma  dando lugar a un sentimiento apagado y feo.

    Todo empezó con mi flamante iPhone 4. Aquel, del que escribí un post dedicado y compartí algunas fotos. Me venía defectuoso: manchas en la pantalla. Sí, yo soy a la que le toca todo lo defectuoso, sobre todo cuando espero algo con ilusión y ganas. Es decir , que de 1000 iPhones había uno con manchas amarillas en la pantalla y me fue a tocar a mi. Ya ves. Unos nacen con estrella y otros estrellados perdidos. Yo debo de tener una estrella de tres picos, siempre coja.

    Las manchas, en teoría se debían de ir con el uso. Pero las mías no se iban. A día de hoy pienso que me cogieron cariño. Sobre todo a mi dedo, que era quien las acariciaba. Y por eso no querían desaparecer. He pasado casi 15 días esperando a que desapareciesen, y tenéis que creerme: cuando necesitas que algo se vaya, no dudes, que se quedará contigo el máximo tiempo posible.

    Así que ante tal situación, decidí llamar a Apple y cambiar mi terminal por otro, en mejor estado, a poder ser, que para eso he pagado, y no poco precisamente. Total, que vendrá el mensajero mañana, o el lunes, a recoger mi iPhone 4 con las manchas, para días después traerme el que será el mío. Y ahora estoy sin iPhone 4. Dios, qué haré yo sin actualizar el Twitter mientras cruzo la carretera? qué haré yo sin mis canciones del Spotify a la carta? qué haré yo sin 3G en un aeropuerto?. Pues nada, me queda esperar. Esta “desintoxicación” me va bien, así, al menos, luego lo apreciaré más. Mientras tanto uso un móvil, un Nokia rosa (oooiiii rosa) con el cual no se mandar SMS, porque no me sé mover por el teclado y los menús. A quién se lo cuente, sí, no se lo cree ¿tú te lo crees?. Te digo la verdad. No sé utilizar ese móvil. Me he mal acostumbrado. Por ese móvil, hace 10 años MA-TA-BA. Y hoy, es tan solo un remplazo con teclas que odio. Sin embargo, a pesar de todo, esto no es lo peor que me ha sucedido esta semana.

    Ha sido una semana de ¿cambios? laborales. Nos están reorganizando en la empresa. He rozado el despido. Hay crisis. Mucha crisis. La crisis se respira en el ambiente. En las palabras del jefe. Y qué queréis que os diga. No quiero ser yo nominada y expulsada. Estoy bien, con el trabajo que estoy haciendo, conforme y tranquila. Me gusta mi rutina. Necesito mi rutina para ser feliz. Lo que os digo. Mi trabajo, ése trabajo, me ofrece todo el tiempo libre posible para escribir, mis historias, mis artículos, mis futuros próximos libros. Quiero pasar otra navidad en esta empresa. No me quiero ir. Y el jefe ha dicho, que hay crisis. Que la sala que llenó una vez de gente, hoy la tenía que vaciar. Y bueno, así están las cosas. Así que comprad muchos pisos, para que no me larguen.

    También ha sido una semana de sorpresas. De desilusiones. Me he dado cuenta, que hay gente, a la que cuando no interesas te dan una patada giratoria. O es mas, algunas personas ni patada. A buen entendedor, pocas palabras (pocas patadas) bastan. Así que, ha sido una semana, de emociones de desengaños. Y mientras los días pasaban, y la semana iba avanzando, yo también iba pasando y avanzando en las ideas de mi cabeza. Pensando lo jodidas que son a veces algunas situaciones. Y que realmente, la gente es egoísta y solo piensan en su propio bienestar.

    Y voy a dejar ya de quejarme. Son las doce de la noche. Acabo de terminar dos encargos que me habían hecho de Fimo. Pasado mañana llegan mis hermanas a Barcelona, y nos espera una semana divertida, haciendo muchas cosas y riendo mucho. Por eso, mañana, esta semana, quedará reducida a un borrón. Mañana comienza mi semana de verdad. La buena. Sin iPhone 4 estropeado, sin trabajo (porque estaré de vacaciones una semana y media) sin la gente egoísta de la cual, a partir de ahora, pasaré, sortearé como sorteo el pipi o caca de perro que baja por la empinada acera, por las mañanas.

    Mi semana, la buena, comienza mañana. Que empiece la cuenta atrás.


  2. Otros cuerpos

    Escribió eigual el día 9 Agosto 2010

    Besarás otros labios con los ojos cerrados.

    Beberás de su saliva, tiernamente, con su mano

    en tu cintura.

    Y no existirán horarios. Ni una sola alarma maldita.

    Se crecerá por tu cuerpo. Como enredadera salvaje.

    Y en cada roce de su piel con la tuya, te elevará

    un escalofrío y en ese momento olvidarás el camino hacía

    cualquier otro cuerpo.

    Pasará la noche. Entre mordiscos, sudores y arañazos suaves.

    Se dormirá a tu lado. Con su cabeza cerca de tu hombro y su rodilla

    rozando tu costado.

    Y antes de cerrar los ojos, en la oscuridad, buscarás tus propias manos para mirarlas,

    y entre los restos de su sexo maldito, verás mi sonrisa ahogada.

    Cerrarás el puño fuertemente. Pero eso no basta.

    Nunca olvidarás el dulce susurro de mi voz en tu oído,

    ni el pañuelo blanco que anudaba en tus muñecas

    antes de atracar tu cuerpo.

    Recordarás que conmigo no había calma.

    Ni la noche tenía final.Y el tiempo importaba poco.

    Y yo no me dormía sin escuchar antes tu respiración dormida,

    con mi cabeza muy cerca de la tuya, sobre la almohada,

    la misma almohada en la que ahora sueña tu nuevo amor.

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  3. Mira con otros ojos

    Escribió eigual el día 9 Agosto 2010

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    Se estaba muriendo. Estaba tirado en la acera, con las ojeras dobladas bajo los ojos. Con el hambre de días  abrazándole por el cuello. Estaba allí, casi inerte, suspirando por la nariz y respirando por la boca. Rozando, con sus manos agrietadas la acera que arde, a 40º a la sombra.

    Se estaba muriendo y la gente se acercó a él. ¡Agua, traed agua! -gritaban-. ¡Algo de pan, para este hombre! -volvían a gritar-. Hicieron un círculo, quedando el hombre en el centro. Sintió como la luz del sol dejaba de quemar su cabeza, sintió como si la ciudad se le viniese encima. Le tiraron dos trozos de pan al suelo. El hombre miró esos trozos de pan, con la vista nublada, le parecieron piedras o madera astillada. No los cogió. Le llevaron agua, le lanzaron dos botellas de agua contra el suelo. Una de ellas, al chocar fuertemente contra la acera, se abrió, y todo el agua, en forma de río, fue a parar cerca de los pies del hombre. Pensó, que nacían ríos de sus pies. Que aún quedaba vida dentro de su cuerpo.

    La gente se fue dispersando. El hombre quedó solo de nuevo. Con los trozos de pan , ahora mojados, cerca de su cuerpo. Con una botella de agua, cerrada, inalcanzable, para el hombre, que no tenía fuerzas ni para mirar al cielo, cuanto menos para estirar el brazo tan lejos.

    El río de agua que se formó con la botella reventada, se empezaba a calentar. Ahora era un río caliente, y que quemaba.

    El hombre recogió sus piernas. Se abrazó a ellas. Se quedó quieto y cerró los ojos.

    Ya nadie le miraba.

    Era un día más. Un triste día más, que ese hombre sentía morir de pena, de falta de abrazos, de falta de cariño.

    Pero la gente de esta ciudad ve hambre, donde solo hay tristeza y soledad.

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  4. Mi Wonderwall

    Escribió eigual el día 9 Agosto 2010

    “And all the roads we have to walk are winding
    and all the lights that lead us there are blinding
    there are many things that I would
    like to say to you
    but I don’t know how”

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  5. Tengo un avión

    Escribió eigual el día 7 Agosto 2010

    Cuando era pequeña me regalaban muñecas. He de confesar que las muñecas me gustaban. Ellas eran mis actrices y yo me inventa historias. Cada una tenía su papel, y debía de actuar. Me metía en mi habitación y la convertía en un escenario improvisado. Mi madre fue testigo, de las horas que yo pasaba dentro de mi habitación, hablando a solas (con mis actrices). Dando vida a aquellos personajes. Jugaba en ese mundo inventado. Donde no hacía falta escribir, porque no sentía la necesidad de compartir aquellas historias con nadie. Quedaban conmigo. Entre mis actrices y yo. Entre las cuatro paredes de mi habitación.

    Y aunque me gustaban las muñecas porque me servían para montarme historias, siempre tenía un ojo puesto en otras cosas: en los aviones que volaban. Había poca gente que tuviese uno de esos. Yo creaba mis propios aviones con papel. Y estaba la hélice aquella, que salía en los huevos de chocolate, aquella hélice que tenía una tira de plástico en zig-zag y que si tirabas con fuerza, se elevaba, aunque por poco tiempo… y siempre terminaba bajo el sofá o encima de los muebles.

    Pero yo siempre soñaba con aquellos aviones, que sabía, sería imposible de conseguir. Porque cualquiera pedía un avión.

    Recuerdo hace poco un avión que tuvo mi hermano. Para que volase había que lanzarlo con fuerza y luego lograr que planease mediante control remoto. El avión duró tres caídas y media. Cuando ya estaba roto, inservible, es cuando aprendimos la técnica para volar. Pero ya era tarde. Aquel avión había pasado a mejor vida. Recuerdo la cara de mi hermano, triste y decepcionada. Tenía la misma cara, que tienes cuando sabes que has perdido algo que has estado esperando mucho tiempo. Me recordó a mi. Y disfruté con él, haciendo volar aquel avión que quedó descuartizado y reducido a casi nada, en el suelo. No te preocupes -le dije- ese avión era un poco blandengue. Un día tendrás un avión grande y robusto y lo haremos volar por encima de este parque.

    Mi hermano me miró con los ojos, otra vez, llenos de ilusión. Así que esta próxima Navidad, iré con mi hermano a comprar un avión, robusto, de esos que vuelan alto y lo vamos a hacer volar por encima del parque, por encima de nuestras cabezas. Quiero ver, la emoción que yo no pude vivir de pequeña, en sus ojos.

    Mientras, para practicar, me he comprado un pequeño avión (helicóptero), para volar por casa. A ver cuántas caídas me dura.

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