No está siendo mi mejor semana. Pero sí, la más intensa. La más relevante. La más definitiva, por muchos motivos. Esta semana, he ganado cosas y perdido otras. He perdido sentimientos por algunas personas. Sentimientos que estaban ahí, pero que cuando una persona te demuestra su verdadera cara, entonces, ese sentimiento se transforma dando lugar a un sentimiento apagado y feo.
Todo empezó con mi flamante iPhone 4. Aquel, del que escribí un post dedicado y compartí algunas fotos. Me venía defectuoso: manchas en la pantalla. Sí, yo soy a la que le toca todo lo defectuoso, sobre todo cuando espero algo con ilusión y ganas. Es decir , que de 1000 iPhones había uno con manchas amarillas en la pantalla y me fue a tocar a mi. Ya ves. Unos nacen con estrella y otros estrellados perdidos. Yo debo de tener una estrella de tres picos, siempre coja.
Las manchas, en teoría se debían de ir con el uso. Pero las mías no se iban. A día de hoy pienso que me cogieron cariño. Sobre todo a mi dedo, que era quien las acariciaba. Y por eso no querían desaparecer. He pasado casi 15 días esperando a que desapareciesen, y tenéis que creerme: cuando necesitas que algo se vaya, no dudes, que se quedará contigo el máximo tiempo posible.
Así que ante tal situación, decidí llamar a Apple y cambiar mi terminal por otro, en mejor estado, a poder ser, que para eso he pagado, y no poco precisamente. Total, que vendrá el mensajero mañana, o el lunes, a recoger mi iPhone 4 con las manchas, para días después traerme el que será el mío. Y ahora estoy sin iPhone 4. Dios, qué haré yo sin actualizar el Twitter mientras cruzo la carretera? qué haré yo sin mis canciones del Spotify a la carta? qué haré yo sin 3G en un aeropuerto?. Pues nada, me queda esperar. Esta “desintoxicación” me va bien, así, al menos, luego lo apreciaré más. Mientras tanto uso un móvil, un Nokia rosa (oooiiii rosa) con el cual no se mandar SMS, porque no me sé mover por el teclado y los menús. A quién se lo cuente, sí, no se lo cree ¿tú te lo crees?. Te digo la verdad. No sé utilizar ese móvil. Me he mal acostumbrado. Por ese móvil, hace 10 años MA-TA-BA. Y hoy, es tan solo un remplazo con teclas que odio. Sin embargo, a pesar de todo, esto no es lo peor que me ha sucedido esta semana.
Ha sido una semana de ¿cambios? laborales. Nos están reorganizando en la empresa. He rozado el despido. Hay crisis. Mucha crisis. La crisis se respira en el ambiente. En las palabras del jefe. Y qué queréis que os diga. No quiero ser yo nominada y expulsada. Estoy bien, con el trabajo que estoy haciendo, conforme y tranquila. Me gusta mi rutina. Necesito mi rutina para ser feliz. Lo que os digo. Mi trabajo, ése trabajo, me ofrece todo el tiempo libre posible para escribir, mis historias, mis artículos, mis futuros próximos libros. Quiero pasar otra navidad en esta empresa. No me quiero ir. Y el jefe ha dicho, que hay crisis. Que la sala que llenó una vez de gente, hoy la tenía que vaciar. Y bueno, así están las cosas. Así que comprad muchos pisos, para que no me larguen.
También ha sido una semana de sorpresas. De desilusiones. Me he dado cuenta, que hay gente, a la que cuando no interesas te dan una patada giratoria. O es mas, algunas personas ni patada. A buen entendedor, pocas palabras (pocas patadas) bastan. Así que, ha sido una semana, de emociones de desengaños. Y mientras los días pasaban, y la semana iba avanzando, yo también iba pasando y avanzando en las ideas de mi cabeza. Pensando lo jodidas que son a veces algunas situaciones. Y que realmente, la gente es egoísta y solo piensan en su propio bienestar.
Y voy a dejar ya de quejarme. Son las doce de la noche. Acabo de terminar dos encargos que me habían hecho de Fimo. Pasado mañana llegan mis hermanas a Barcelona, y nos espera una semana divertida, haciendo muchas cosas y riendo mucho. Por eso, mañana, esta semana, quedará reducida a un borrón. Mañana comienza mi semana de verdad. La buena. Sin iPhone 4 estropeado, sin trabajo (porque estaré de vacaciones una semana y media) sin la gente egoísta de la cual, a partir de ahora, pasaré, sortearé como sorteo el pipi o caca de perro que baja por la empinada acera, por las mañanas.
Mi semana, la buena, comienza mañana. Que empiece la cuenta atrás.
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