Espero que os guste!
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Vídeo promocional de Romper a llorar
Escribió eigual el día 22 Agosto 2010
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Romper a llorar, a la venta
Escribió eigual el día 21 Agosto 2010
Ya está a la venta, mi primera novela corta, titulada Romper a llorar.
Ha sido un largo camino, pero todos los caminos llevan a alguna parte, y a mi me ha llevado a cumplir un nuevo sueño.
Romper a llorar, es una novela corta, de 126 páginas, llena de emociones. Me gustaría que la leyeses, que un día me detuvieses por la calle, o me escribieses en este blog y me preguntases algo acerca de Romper a llorar, alguna duda, por alguna situación, cualquier cosa. Porque tal vez sea una de esas historias cortas, que más te hagan pensar y reflexionar.
He puesto todo el cariño en esta obra. Días, muchos días, en mi intento de alargar un poco una historia, que no podía ser alargada. Porque todas las historias tienen su principio y su final. Y pensé, que podía ser una novela corta perfectamente, que cualquier relleno que quisiera meter sobraba.
Espero que quien adquiera un ejemplar de Romper a llorar disfrute con su lectura, tanto como yo, disfruté (y me emocioné) con su escritura.
Parece que mi sueño ha terminado, porque Romper a llorar está ya a la venta. Pero en realidad, no ha hecho más que empezar.
Gracias a todos mis lectores asiduos y ocasionales, por vuestros minutos de lectura y apoyo incondicional.
Os presento, mi primera novela Romper a llorar:
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Para comprar mi primera novela “Romper a llorar” pincha aquí.
Nota: Si conoces a alguien que quiera comprar Romper a llorar, puedes ponerte en contacto con esa persona, y pedir el libro conjuntamente, y así pagáis los gastos de envío a medias (que son 6 euros). Y eso que os ahorráis.
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Adiós hermanas
Escribió eigual el día 20 Agosto 2010
Creo ser la persona más exagerada de la tierra. Lo confieso. También creo ser la persona más sensible y llorona que he conocido. Tal vez, sea por eso, que hoy, busco desesperadamente el blog, para escribir estas líneas.
Se han ido hace apenas unas horas. Hemos ido al aeropuerto 4 horas antes de la salida del vuelo. Yo les digo que me gusta llegar al aeropuerto varias horas antes, para asegurarme de que no pierdo el avión y que encuentro la puerta de embarque a tiempo. Sin embargo hoy, ha sido diferente, he ido al aeropuerto 4 horas antes, porque allí, esperando el vuelo, las horas pasan más lentas. Y así ganaba más tiempo para estar al lado de ellas.
Cuando ya no estaban a mi lado me he sentido vacía. En silencio. Sentía una tristeza inexplicable al pensar, que en casa me esperaban restos de sus cabellos esparcidos por el suelo. Y así ha sido.
He barrido la ausencia que han dejado en casa. He barrido hacia fuera. He mojado el suelo con alguna lágrima y he sentido el silencio del televisor clavarse en mi pecho, creando ese nudo en la garganta que te produce las ganas de llorar.
Sé que todo pasa. Que mañana será diferente. Que la vida es así. Que vuestra vida está allí y la mía aquí. Pero es inevitable no sentir esta tristeza. Lo siento.
Siempre me provocáis felicidad, pero hoy solo tristeza. Os echo de menos. Aún escucho vuestras voces por casa. Y pienso en alguna cosa para deciros.
Nos vemos pronto mis niñas.
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De vacaciones
Escribió eigual el día 16 Agosto 2010
Como sabéis. O tal vez no. Estoy de vacaciones. Así que como tengo visita en casa, pues ando un poco desquitada del blog, y apenas actualizaré hasta la próxima semana. Por eso, para compensar, os traigo el nuevo artículo que he escrito para Diario Abierto esta semana. Podéis leerlo pinchando aquí.
Se titula: La moto imaginaria. Espero que os guste. Y os compense un poco mi ausencia.
En cuanto regrese, haré un sorteo de algo que he hecho con Fimo, de lo que solamente puedo adelantaros, que os encantará. Quedad pendientes. O seguirme en Twitter para no perderos ni un solo sorteo: @eigual.
Sigo esperando el primer ejemplar de mi libro. Hasta que no lo reciba no podré decir que ya está a la venta. Se está haciendo de rogar, pero intuyo que va quedando menos tiempo para poder dar esa noticia.
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¿Por qué ser quien no eres?
Escribió eigual el día 13 Agosto 2010
Me llamó por teléfono. Nunca te localizo, cambias más de teléfono que de bragas -me dijo-. Bueno, el caso es, que llevábamos tiempo sin hablar. Pero volver a hablar con ella era fácil. Sencillo. Ella se puede decir que era mi amiga. Una amiga de esas con la que no hace falta hablar cada día, o verse cada semana. Sabes, simplemente, que está ahí. Y me llamó. Me dijo, con la voz temblando que me quería ver, tras la bronca por cambiar de número de teléfono. La intenté tranquilizar. Y le pregunté, cómo no, para qué me quería ver. Qué era eso tan importante que le acontecía.Sin dudar, me respondió (pensé que no lo haría). Me he enamorado. He caído.
Llevaba cuatro años sin mantener relaciones con nadie. Le hicieron daño un día. Y desde entonces, pensaba que el amor no existía, que las relaciones no existían. Que todo era una mentira. Leía libros de auto-ayuda. Lloraba por las noches. Y quiso aprender a estar sola. Desde que aprendes a estar sola -me dijo, hace tiempo- ya no quieres estar con nadie, y con solo pensar en los pelos de otra persona en tu cama, te entra asco.
Pero se había enamorado. Si ya se lo decía yo: Un día te enamorarás y tú no podrás hacer nada.
Quedé con ella. Estaba irreconocible. Se había cambiado el color de pelo. Ya no lucía sus viejas camisetas negras, que tanto me gustaban. Ni sus pulseras de cuero y pinchos. Ya no iba de tía heavy. Ahora vestía de Berska y en serio, sentí repelús al verla. Sentí que llevaba un disfraz. Me contó entonces, lo de su nuevo amor. Que era una chica de 35 años. Una ingeniera industrial muy mona. Morena. De piernas largas, interminables. De mirada seductora. Manos cuidadas de dedos largos y suaves. Me contaba que la chica esta, la ha llevado de compras y que ha renovado vestuario. Le pregunté por sus conciertos. Mi amiga tocaba en un grupo heavy la guitarra eléctrica. Fuimos a comprar juntas la maldita guitarra. No me dio guerra ni nada: la quería blanca y negra. Así que le pregunté por sus conciertos y me respondió que ya no daba ninguno, que había dejado el grupo hace meses. Que la guitarra la había revendido por un módico precio, en la misma tienda que la adquirió, justamente, hacía varios días.
Habían quedado, por la tarde, el mismo día que quedé con ella para tomar café, para ir a un concierto de música clásica. Ya me imaginé a mi amiga, con su ropita de Berska escuchando música clásica. Sinceramente, no era ella. No era mi amiga. Era otra.
Y me contó que se iban de vacaciones a Las Vegas. Su sueño, dice. Y yo le respondí, con que su sueño nunca fue ese, que ella siempre decía que haría un día el “crucero heavy metal”. Me miró con cara de no entender nada. Pero la que no entendía nada realmente era yo. Y cambió de tema. Me empezó a hablar de su recién estrenada novia. Y yo la escuché, intentando encontrar a mi amiga en alguna de las palabras que decía. Pero no la encontré.
Cuando nos despedimos, sin dudarlo, fui hasta la tienda donde mi amiga compró (conmigo) y revendió (sin mi) la guitarra. Al entrar la reconocí. Sus colores. Sus formas. Aún brillaba. Me acerqué al hombre y le dije que quería esa guitarra, señalando la guitarra blanca y negra de mi amiga. El hombre, muy amable, descolgó la guitarra de la pared y la puso en mis manos. Sentí a mi amiga rozándome la punta de los dedos. Me emocioné, lo confieso.
La compré al momento. 250 euros, en efectivo. Así que al salir de la tienda, apreté con mi mano las asas de la enorme bolsa donde llevaba la guitarra eléctrica. Sentí como si fuese con mi amiga de la mano. Y me fui a tomar una copa, con la guitarra (con mi amiga) , al sitio más heavy de Barcelona. Ahora sí estaba cerca de mi amiga. Ahora sí la reconocí. Aunque tuviese que ser a través de una de sus pertenencias. A través de uno de sus más importantes recuerdos, aunque ahora ella no lo sepa. No lo vea. No lo sienta.
Algún día tal vez vuelva. Tal vez se vuelva a reconocer. Y entonces, me llamará, tras varios meses o incluso años y me dirá que echa de menos su guitarra eléctrica. Y ahí estaré yo, para quedar con ella, y devolvérsela.
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