Suenan tus dientes. Tiritas por dentro.
Este frío. Esta lluvia. Estos días sin sol.
Los gatos se hacen una bola en el sofá
y te invitan a quedarte un rato más.
Despiertas y te vistes dando pequeños saltos
soñando despierta.
Desayuno tus legañas y me guardo
un par de besos tuyos en el bolsillo.
Otro día más nos espera ahí fuera.
La misma lucha de siempre.
Nunca dejaré de mirar el reloj a tiempo.
Nunca dejaré de pensar en tus labios,
en la casa,
en los gatos
y en algún poema.
Cuando llego a la boca del metro
me traga de un bostezo.
Bajo por su garganta entre la gente
que se queja y me queman con su malhumor.
Con su sueño.
Es entonces que me da un calambre.
Me asalta una duda. Y me detengo. Pienso:
No te he dado un beso.
Busco en mis bolsillos los besos que guardé.
Saco uno y lo dejo en mi mejilla.
Demásiado pronto para empezar a necesitarlos -me digo-.
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