Tenían las manos pequeñas y las sonrisas en los ojos. Yo iba a aquella tienda de videojuegos de segunda mano a menudo. Cuando jugar a los videojuegos era para mi tan importante como ahora escribir. Me pasaba las horas eligiendo los juegos que más tarde ocuparían mi tiempo.
Y allí estaban ellos. Pequeños. Con ojos grandes. Con mirada sonriente. Con un juego entre sus manos temblando de emoción. Y con apenas doscientas pesetas en los bolsillos. Yo, aquel día había llevado unos juegos para cambiar por otros. Entonces me fijé en un niño moreno. Estaba de puntillas apuntando con su dedo pequeño un juego de la Play. Me quedé mirando su cara de ilusión y emoción y fue en ese instante que me sentí inútil con mis juegos en la mano. Tenía el corazón acelerado. Unas ganas imposibles de acercarme al chico y decirle: Coge el juego. Es para ti. No te preocupes por el dinero. Te lo regalo.
Sin embargo me quedé quieta con los juegos en la mano y no le dije nada. Él reúnia con su hermano el dinero que tenían. Apenas les llegaba para comprar la caratula del juego. Así que, sin pensarlo dos veces alcancé con mi mano el juego al que ellos no les habían quitado el ojo desde que llegaron. Lo cogí muy despacio y pude ver la decepción en sus rostros. Como el pequeño moreno apretaba las monedas con toda la fuerza que un niño tiene. Y el hermano me habló con los ojos: me lloró con los ojos. Pero no dijeron nada. Se quedaron paralizados. Pensando. O quizá asegurandonse de guardar bien las monedas si no querían perderlas sin querer.
Me acerqué al mostrador y mirandoles de reojo para que no se me escaparan hice el cambio. Cambié tres juegos míos por el que los niños querían. Me acerqué a ellos, para que negarlo, con cierta vergüenza. Al principio se asustaron, seguramente que no estaban acostumbrados a hablar con gente desconocida.
Les tendí el juego en sus manos. Me miraron con sus ojos grandes. Uno preguntó qué por qué. El pequeño moreno miraba a su hermano, esperando su aprovación para coger el juego.
He visto que no os llegaba el dinero -les dije- y he querido regalaroslo yo, ¿lo aceptáis?. El pequeño bajó la cabeza, el hermano mayor fue el que me habló: Gracias -dijo- pero este juego no era para nosostros. Es el cumpleaños de nuestro papá y él siempre dice que quiere ese juego.
Me quedé boquiabierta. No supe qué decir. Solamente insistí con la mirada, para que el hermano mayor le indicase con la mirada a su hermano pequeño que podía coger el juego de mi mano. Lo cogieron. Y salieron de la tienda con sus bolsillos llenos de monedas. Sonreí como una tonta. Sin darme cuenta de que toda la tienda de videojuegos había estado contemplando la escena. Desde aquel día cada vez que entraba por las puertas me miraban como si yo fuese de otro planeta, embobados, como si yo hubiese hecho la obra más maravillosa del mundo. Siendo esos niños quienes la hicieron, gastado todos sus ahorros en un regalo para su padre.
Y desde aquel día, a veces, me da miedo ser en ocasiones como soy.
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TaLo_d_Luz dijo:
…ainss niña bonita
Me he emosionado….
Sobre todo al leer la última frase.
Me he dado cuenta en todos estos años lo importante que es ser una misma…y cuanto más Yo Soy más disfruto de cualquier cosa; hasta de ser rara y hacer cosas que parece ser que nadie haría… hasta por los demás…
Te entiendo y me alegra tanto que seas tú.
Y sé que aunque te pueda dar miedo a veces…es lo único que Siempre nos queda: un@ mism@…y resulta que es GENIAL.
Que sepas que siempre me enseñaste a Ser Auténtica porque tú lo eres; algo que tal vez nunca te dije pero siempre lo pensé y sentí.
Gracias; Gracias tantas por Existir Así en esta Vida y en la mia.
Un abrazote de Luz mia
9 Marzo 2010 @ 20:42
TaLo_d_Luz dijo:
ah!! tá guapo el nuevo diseño mmmmm
me guta, sí
9 Marzo 2010 @ 20:44