PhotobucketCamino por la sección de librería de el Corte Inglés. En realidad yo he venido buscando otra cosa muy diferente a un libro. Últimamente me gustan las casualidades tan maravillosas que me suceden.
Voy caminando con la mirada distraída, pero atenta a todo lo que ocurre a mi alrededor. Resulta que la sección librería está justo enfrente de la sección de música. Me encantan todos esos instrumentos que jamás sabré tocar.
De repente una melodía. Una triste pero bonita melodía de piano llega hasta mis oídos. Busco con la mirada de donde proviene esa música tan maravillosa. Y la veo. Veo a una anciana de unos 80 años acariciando con sus manos arrugadas las teclas: con las dos manos. Toca una canción que no conozco, pero me encanta. Esa mujer toca sin ningún tipo de interés el piano de cola. Me detengo frente a la mujer y disfruto del momento que nos regala.

Pero pronto se acerca el dependiente de turno a la mujer. Se acerca con sonrisa, pero yo sé que en realidad viene a apartar a esa mujer del piano. Y no quiero que la aparte. Esa mujer embellece el piano a cada toque de tecla. La mujer sigue tocando, sigue acariciando las teclas con las dos manos, al compás. El hombre la mira pero ahora su sonrisa se desvanece. La mujer no parece verle y continua.

Pronto, varias personas más se sitúan a mi lado para ver tocar a la mujer. El hombre le dice algo a la mujer que no escucho, porque estoy demasiado concentrada en la música: en la tranquilidad que me transmite esa melodía. Yo me quedo pensando en lo que significarán esas notas que la mujer toca, para ella, en si serán importantes. En lo valioso de su hazaña.

El dependiente le llama la atención de nuevo, pero la mujer continua tocando. Y no deja de tocar hasta que la canción llega a su fin, porque ella, como buena artista tiene que terminar lo empezado.
Cuando la canción termina, la mujer parece que se va a alejar, pero el dependiente sonriendo, le dice a la mujer que se aleje del piano, que el piano no se puede usar. La mujer pide disculpas.

Una mujer mayor que está a mi lado aplaude. Aplausos. Se escuchan aplausos. Me uno a ellos. No sé como no he iniciado yo esos aplausos, quizá por vergüenza o porque intentaba escuchar atentamente lo que le decía el dependiente y la explicación de la mujer.

El dependiente la agarra del brazo con intención de alejarla del piano. La echa literalmente: por vagabunda o por loca. Porque al parecer los vagabundos y los locos no tienen derecho a probar antes lo que quizá compren.  Porque al parecer la gente que hace cosas como esas son vagabundos o locos. Me pregunto en ese momento qué hubiese pasado si una señora bien vestida y adinerada hubiese tocado aquella melodía. Quizá el dependiente le hubiese pues la alfombra roja en el pasillo.

La mujer se aleja cabizbaja cuando el dependiente le suelta del brazo. Y la veo alejarse. Y pienso que el arte está dentro de personas como ella, que quisiera detener su paso y escuchar su historia. Pero sigo mi camino. Porque no puedo cruzar la línea que me separa: de la historia que os cuento a la historia real. No sé si luego sería capaz de escribir sin que me temblasen los dedos.


2 comentarios a “la mujer del piano”  

  1. 1 Silvia

    Buufff… me he quedado un poco ploff.. qué casualidad encontrarte con esa mujer justo cuando estaba pasando eso… y qué impotencia has tenido que sentir al no poder hacer nada…

  2. 2 Josemy

    Recuerdo cuando leí esta entrada, algunas veces te he leído cuando publicabas la última entrada, pero intento no comentar por la sencilla razón de que si tengo algunas por leer luego cuando vaya viendo por dónde me quedé me confunda ese comentario. Recuerdo que me dio mucha lástima esta mujer, y que tenías razón en que si uno va bien vestido y con dinero aunque no vayas a comprar nada todo serán facilidades para que pruebes, y si vas en harapos, todo serán malas maneras para echarte de dónde sea.
    Pero hoy, con el tiempo de por medio, me has recordado a una vieja entrada en el blog de una amiga, Carlota, en su blog Haciendo Camino. Sinceramente ni recuerdo el título de la entrada, ni cuando fue escrita, y mucho menos el link, pero también hablaba de un músico, un músico que todos los días tocaba la misma melodía para un chico hasta que ese chico se la aprendiera y la hiciera suya, y así cada vez con una melodía distinta…

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