1. cuando no se puede ver

    Escribió eigual el día 31 Enero 2010

    (Historia en primera persona. Dedicada a una lectora de este blog que me ha escrito un precioso mail)

    Parece que te apaguen la luz. Parece que se haga de noche y tú te quedas esperando a que salga el sol. Pero ese sol no llega con la mañana, ni con el transcurso de los días. Es inútil llorar o mirarte en el espejo para encontrarte. No solucionas nada. Entras en las habitaciones buscando a tientas el interruptor de la luz, hasta que algún familiar te coge por el brazo y te dice “no pasa nada, tranquila, no pasa nada”. Los días pasan y ya no puedes leer, ni escribir, ni subir ni bajar escaleras tú sola. No encuentras tu ropa en el armario. Y te tienen que ayudar a todo, hasta a echar pasta de dientes al cepillo.
    Mi madre me ha contado que los primeros días fueron terribles y dolorosos. Que no dejaba de llorar y de sentirme desgraciada.

    Tenía que volver a aprender a leer, a escribir, caminar. Incluso a hablar, porque siempre fui una chica tímida que se refugiaba siempre tras su mirada. El tacto se convirtió en el sentido más importante. Con mis manos yo veía el mundo. Por las noches escuchaba la radio. Con el tiempo me adaptaron un ordenador que podía consultar yo sola y que leía en voz alta todo lo que yo era incapaz de leer. Me dolía no poder leer yo con mis propios ojos, porque las cosas se sienten diferentes cuando las lees de cuando te las leen. Yo lo sabía porque años atrás había disfrutado de mi visión perfecta.

    El médico le dijo a mi madre que lo bueno era, que ya no tendría que enfrentarme jamás a subir a un coche. Porque nunca podría conducir. Y que por ello me ahorraría alguna depresión. Cuando mi madre me contó esto, supe que me había quedado ciega para siempre. Desde ese día empecé a salir a la calle con mi bastón. Mi madre me seguía algunas mañanas porque tenía miedo de que me sucediera algo.

    Cuando eres consciente de que quedarte ciega no es lo peor que te puede pasar, empiezas a apreciar la vida como antes no lo hacías.

    Es triste que te tengan que robar algo tan importante cómo eso, para que aprecies las caricias, los besos, la rugosidad de la piel de una naranja o la suavidad del pelaje de un gato.

    Sin embargo sientes que también puedes aprender a ser feliz dentro de tu oscuridad.


  2. Febrero

    Escribió eigual el día 31 Enero 2010

    El mes que está apunto de comenzar va  a ser un buen mes:

    - Estará mucho más cerca el nuevo trabajo de Ismael Serrano “Acuérdate de vivir”. No puedo ni explicar las ganas que tengo de escuchar sus nuevas canciones, que me acompañaran como siempre lo hacen, camino del trabajo cuando el sueño aún hace mella en mi.

    - Empiezo a colaborar en el blog “La Isla Tuerta”. Con un post semanal. Es una página que os recomiendo mucho. En la Isla Tuerta colaboran personas fabulosas que escriben de maravilla. Para mi es un honor escribir con ellos, pertenecer a su Isla.

    - Hablando de Islas…. Comienza la última temporada de Lost. Y evidentemente todos los seguidores de esta serie tenemos ganas de que se esclarezca todo. Todos queremos saber el final de para mi, la mejor serie de la historia.

    - Estoy escribiendo, ahora sí, mi libro de lleno. La que será mi primera novela. Lo dije hace tiempo, lo sé, pero he venido abandonando la tarea de ponerme a escribir por falta de inspiración. Pero este último mes me he propuesto, gracias a la inspiración que me acontece, escribir en serio para terminar por fin, la que será mi primera novela. Así que he de llamar a mi madre por teléfono. Mi madre es pintora, aunque ella se empeñe en esconder sus obras de arte en cuadernos y a veces parezca que le da vergüenza mostrar su arte. Mi madre es una artista, y es a ella a quien le he encargado la portada de mi libro. Será maravilloso que mi madre ponga su arte en la portada de mi primera novela. Será el mejor regalo que ella me pueda hacer. Así que he de llamarla y decirle que se tiene que poner ya a trabajar en la portada.

    - Me llegaran por correo unos libros que he comprado, y tengo muchas ganas de leer.

    - Novedades en el trabajo. Estamos en crisis. No sé qué va a pasar. Quizá lo pierda. Quizá lo mantenga. No me gustaría perder mi trabajo actual, porque sinceramente me he amoldado a mi rutina. Pero si lo pierdo será hora de ir pensando en otras metas, otras cosas.

    - Posiblemente me meta de lleno en un nuevo proyecto. Una nueva página web. Pero de esto aún no puedo adelantar nada, porque está todo muy verde aún.

    Febrero va a ser un mes increíble. Y mira que a mi, el mes de Febrero, nunca me ha gustado.


  3. largo viaje

    Escribió eigual el día 30 Enero 2010

    PhotobucketLe encontré en la calle. Sus ojos azules me hablaron. Me acerqué a él despacio para no ahuyentarlo. Descubrí las mismas marcas en su cabeza y cuerpo. Era él y estaba allí, tranquilo y feliz. Me senté a su lado sin rozarle. Él me miraba y yo sabía que su mirada guardaba historias.

    - ¿Qué haces aquí? -le pregunté-.

    - He venido a buscarte -respondió-.

    - Pero tú tenías que estar con ella y no aquí, solo… y a saber cuántos días llevas sin comer.

    - Tranquila, yo como a diario. Te llevo buscando durante mucho tiempo. Desde que te fuiste aquel día no dejaba de buscar tu olor por casa, hasta que se consumió y me propuse ir a buscarte. Y aquí me tienes.

    - Menuda historia. Pero… ¿ella no te estará buscando?

    - Ella cambió de casa. De vida. De tinte. De novia. De gato. Está feliz y tranquila. Yo siempre fui un gato aventurero y ella siempre lo supo.

    - ¿Pero cómo me has encontrado?

    - No ha sido fácil. Llevo cuatro años buscándote. Siempre me pregunté cómo ella pudo decirte adiós de aquella manera. Quitó tus fotos de casa y poco a poco te fue olvidando. Cubría su cama con otro cuerpo que a su vez, cubría el suyo. Tiró tu cepillo de dientes y tu bote de cola cao a la basura y yo no podía soportar todo eso porque sabía que no volverías. Me escondía en el último rincón de la terraza y cerraba los ojos.

    -…………..

    Quedo en silencio. Ha pasado tanto tiempo de aquellos sentimientos y aquellos días. Es increíble pensar que un gato te pueda encontrar, cuando te separan tantos kilómetros. Y tanto tiempo.

    - Bueno, ya te he encontrado, ahora podemos regresar a casa.

    Miro sus ojos azules y no sé cómo explicarle que en casa ya somos cinco. Que tengo tres gatos. Cómo decirle que no puedo llevarle a casa. Cómo contárselo y hacer que los cuatro años que me lleva buscando no hayan servido para nada. Se me parte el alma y hago lo que él nunca hubiese hecho conmigo.

    Marco el número de mi -ex para decirle que el gato está aquí conmigo. Un tono. Dos tonos. Tres tonos. Al cuarto tono corto la llamada. Le cojo en brazos y me quedo en la calle, perdida. No puedo ir a casa con él, nadie se creería esta historia. Que este gato tiene ya casi 7 años y que sus últimos cuatro años se los ha pasado buscándome.

    Nadie me va a creer.


  4. 4

    Escribió eigual el día 28 Enero 2010

    Photobucket

    Encontré esta foto por casualidad y la recorté con cariño. Es increíble los recuerdos que pueden traerte una simple fotografía. El número cuatro siempre me llevaba hasta casa, aún lo recuerdo como si fuese ayer. Aquella ciudad siempre me hacía sentir libre, capaz de cualquier cosa. Y yo buscaba con esmero un camino a seguir. Esperaba, paciente mi turno. Tu llegada.

    La última vez que estuve en Granada no reconocí sus aceras. Las carreteras estaban levantadas. Vallas por todas partes. Calles que antes te ayudaban a escapar de la ciudad, cortadas. Recuerdos vividos en bares y tiendas, tapados por carteles de prohibido el paso, no pisar, etc.

    Parecía que en aquella hermosa ciudad, que tanto dolor me provocaba. Porque todo lo bello provoca cierto dolor…. parecía que estuviesen desenterrando mis malos recuerdos y esparciéndolos por todas partes. Deseé por eso escapar de allí. Huir.

    Están construyendo el metro. Y la imagen que veis, quizá pronto deje de existir. Ése 4, que te llevaba siempre a su lado. A despedidas y reencuentros. Tantas veces me llevó y me trajo de regreso que no he podido evitar recortar esa foto y escribir esto. Como si haciendo esto, la tristeza que aún conlleva, dejase para siempre de dolerme en la memoria.


  5. monotema (niños y música)

    Escribió eigual el día 27 Enero 2010

    Hay quien dice que fuiste un héroe. Cuando tocabas la guitarra, con la muerte como tú decías, en la punta de los dedos, a los niños de la última planta. Niños a los que la enfermedad les había llegado demasiado pronto. Aún así te miraban asombrados, con sus batas azules y sus ojos brillantes. Decían que querían aprender a tocar como tú. Pensaban que tenían tiempo, cuando en realidad estaban allí porque ya no les quedaba ni tiempo, ni nada. Solamente, por triste que resulte, esperar a empeorar cada día un poco más.

    Tu música no les podía salvar, lo sabíamos. Te dejaban entrar allí porque a las enfermeras te las ganabas únicamente con la mirada. Porque llevabas la guitarra y decías que era tu arma para vencer aquella terrible enfermedad. La música lo podía curar todo, decías. Tuviste que aprender a tocar las cuerdas sin sentirlas, porque las yemas de tus dedos habían perdido toda la sensibilidad, sin embargo allí estabas, haciendo una música diferente y cantando canciones que te inventabas para aquellos niños llenos de ilusiones.

    No parabas quieto. Las enfermeras decían que nunca te encontraban en tu habitación. Conocías a todas y cada una de ellas por el ruido que hacían sus zapatillas en el suelo. Sabías cómo conseguir aquellos minutos gloriosos, que eran para ti escapar hasta la última planta con los niños que decías, te daban a ti la vida que a ellos les faltaba.

    Entiendo que alguien como tú pudiese dejar tanto vacío. No sabes que las enfermeras sintieron tu muerte casi tanto como yo. Y que empaquetaron las pocas cosas que tenías y las enviaron a la supuesta familia, que en realidad no tenías.

    Los niños preguntaban por ti, esperaban tu regreso y tu música. Nunca volvías. Quedó la última planta vacía de voces y risas. Y los niños se fueron deshojando poco a poco, parecía que tu ausencia les quitara un poco de vida.

    Nunca regresé a aquel hospital. Allí se sembraba la muerte. Muertes injustas. Muertes de esas que quieres amarrar a la vida pero no puedes.

    A quien te cerró por última vez los párpados le deben de temblar aún los dedos, porque certificar tu muerte fue una de las más grandes equivocaciones que ha tenido la vida.


Mas entradas