1. el adiós de Lucia

    Escribió eigual el día 30 Junio 2009

    La ultima vez que vi a Lucia, me decía adiós con su pequeña mano a través de la ventana del coche que se la llevaba de mi lado. Fue un adiós sin fecha de caducidad. Su  mano temblaba dentro de la mía, justo antes de separarnos, y de que se adentrase en el coche. Me preguntó qué cuánto tiempo tardaría en ir a recogerla de casa de los tíos. Le dije que dos meses, y dentro de tres se cumplirán 30 años sin verla, sin vernos.
    Su madre había fallecido, y yo no podía hacerme cargo de una niña de 10 años. No sabía hacerle la comida, no sabía tenerle la ropa limpia ni ayudarla con los deberes. No podía hacerle las veces de madre, y es que, tampoco de padre. No podía cuidarla porque no me veía capaz de cuidarme a mi mismo. Por eso se la llevaron mis cuñados. Y se puede decir, que salvaron su futuro.
    A ellos también les prometí que se trataba de un par de meses. Lo justo para pedir el finiquito en el trabajo actual y buscar otro trabajo que me dejase más tiempo libre para ocuparme de mi hija. Para intentar darle los cuidados que ella necesitaba. Y aprender si era necesario las tareas del hogar.

    Pero desgraciadamente, un día, entré a ahogar mis penas en un bar. Y en aquel bar le lloré todo lo que no había llorado, a mi fallecida esposa. Fue allí donde eché mi vida por alto: me dí a la bebida. Y perdía a mi hija. Mis cuñados me llamaban por teléfono y yo les daba largas, me inventaba excusas, de todo tipo. Mientras, me gastaba todo mi sueldo semanal en el bar. Jamás probé las drogas. Pero vaya, que tampoco hizo falta, el alcohol era peor si cabía, porque el alcohol nunca se me terminaba, y era fácil encontrarlo. El  alcohol me diluía las tristezas, y me dejaba sin una peseta, y hasta, sin aliento. Pero era mi refugio. Era quien me abrazaba y me comprendía.
    Lo que ocurre es, que mientras bebes olvidas. Mientras bebes te rodeas de gente que hace lo mismo que tú, y tu tristeza en ese momento, es la tristeza de todos. Todo cabía en un vaso de ginebra, incluso la ausencia de mi hija Lucía.

    Mis cuñados se quedaron a mi hija todo el tiempo que hizo falta. A mi me dieron por perdido. Mi hija creció sin mi, y poco a poco me fue olvidando. Pero yo nunca olvidaba su mano diciéndome adiós.
    Me pasaba la vida bebiendo e intentando no marcar el número de teléfono maldito, para hacer regresar a mi hija. Para traerla a mi lado. Ella no se merecía una vida mísera, no se merecía mis borracheras ni mis tristezas.
    La bebida me llevó a la quiebra. Primero perdí el trabajo, más tarde los pocos ahorros que tenía, y al final, mi casa, la casa de mi mujer y de mi hija. El único recuerdo que tenía de ellas.
    Ahora soy un viejo. Llevo la barba larga y blanca, y pido en la puerta de un famoso banco, para poder comprar tabaco y un cartón de vino peleón para calentar el cuerpo.
    Y en todas las manos pequeñas que se me acercan a dejarme unas monedas, veo las manos de Lucía.
    Y me preguntó una y otra vez, si mi error fue un acierto.
    Y si mi hija recuerda todas las promesas incumplidas que le hice.
    Me pregunto si ella miraría a un viejo vagabundo como yo.
    Si me querrá lo mismo que yo la sigo queriendo a ella.


  2. Ganadores del fantasma y pac-man

    Escribió eigual el día 30 Junio 2009

    He acabado de hacer el sorteo para el imán del fantasma (que se ilumina en la oscuridad) y para el llavero de Pac-Man:

    El imán del fantasma es para la primera persona de la lista, y el llavero de Pac-Man para la segunda persona.
    Y el resultado ha sido este, usando, como siempre random.org:

    1. gmayoral
    2. Eyes
    3. Su
    4. Leithient
    5. Farera
    6. Angelika
    7. Josemy
    8. Josemy
    9. Char
    10. Felipe Rocco
    11. Maite

    ¡Felicidades a los ganadores!. En breve me pongo en contacto con vosotros, para que por mail me podáis dar vuestra dirección postal y así os haga llegar vuestros regalitos.

    ¡Pronto más sorteos!


  3. 21 libros de escribo aqui vendidos ya

    Escribió eigual el día 30 Junio 2009


    21 son las veces que os doy las gracias.

    21 sueños cumplidos y 21 más que se cumplirán.

    21 abrazos, besos e historias que os debo.

    21 mesitas de noche tapadas con mis poemas y mis historias.

    21 años más escribiendo para todos vosotros y para todos los que vendrán.

    21 libros de “Escribo aquí: poemas y relatos” vendidos ya. Qué vértigo y qué escalofríos de felicidad.

    21  que espero sean muchos más.

    Muchas gracias, a todos, por hacer posibles mis sueños cumplidos.


  4. qué pena

    Escribió eigual el día 28 Junio 2009

    Qué pena no estar en tu onda

    ni vestirme con tus dudas

    ni poder recordar tus besos.

    Qué pena no contar tus pasos

    ni tus años, ni tus lunares.

    Qué pena no poder recordarte

    porque no hay nada para recordar.

    Qué pena las lágrimas que le lloras

    y que nunca apreciará.


    Qué pena que mi mirada

    nunca te haga temblar.

    Qué pena lo que nunca será.

    Qué pena todas tus cosas

    todos tus días tristes

    todas las dietas que usas

    para adelgazar.


    Qué pena da todo cuando te miro

    y me doy cuenta que de tu vida

    nada, absolutamente nada,

    parece ser de verdad.


  5. tiritas para hombres rotos

    Escribió eigual el día 28 Junio 2009

    Y un día, sin anestesia ni nada, ella le dijo que ya  no le quería. Que no quería seguir con él. Tres años de relación, de compartir cosas y hacer planes de futuro. Y ahora ella se plantaba frente a él y le decía que todo se había terminado. Él respiró aliviado, al menos ella no le había dejado por teléfono. Ya que existían mujeres que le habían abandonado por el frío teléfono sin más explicaciones. Él lo aceptó, y le facilitó a ella la ruptura. La quería hacer sentir libre de culpa, porque aún la quería. Le decía: estás cosas pasan cariño, si ya no me quieres, pues ya no me quieres, y no tienes que dar más explicaciones. El amor es así, un día te llena de luz, y otro día te oscurece la vida. Si no me quieres cariño, lo mejor es que no sigamos juntos. Ella le escuchaba atentamente. Él recogió sus cosas, pues vivían en el piso de ella. Metió todas sus pertenencias en la bolsa de deporte y con una caricia y un beso en la mejilla, le deseó lo mejor de la vida.
    A partir de ahí ella se sentía culpable. Y creía haber perdido al hombre más maravilloso. No existían más hombres como él. O al menos eso pensaba ella. Miraba el teléfono, resistiéndose a llamarle. Pero un día no pudo más y le llamó. Él descolgó y al escuchar la voz de ella al otro lado se llenó de alegría. Cuando ella escuchó su voz le pareció muy cercana y de pronto le sentía tan cerca que cambió de opinión y ya no le necesitaba, así que improvisó un “solo quería saber cómo estabas” y colgó diciendo que tenía muchas cosas que hacer. Él, como siempre, se despidió de ella, no sin decirle antes, que para cualquier cosa le llamase. Que él siempre estaría ahí.

    Tras esa llamada ella empezó a darle vueltas al cabeza: ¿y si conoce a otra chica? ¿y si se olvida de mi? ¿y si no vuelvo a encontrar a un hombre como él? ¿y si le pierdo del todo? ¿y si me quedo sola para toda la vida?. Tras hacerse preguntas de ese tipo, volvió a llamarle por teléfono y le dijo que le apetecía verle. Él se llenó de alegría y esperanza de nuevo. Esa tarde llevó un buen vino y el postre preferido de ella.
    Cenaron tranquilamente y minutos más tarde ella le llevó hasta la cama. Es obvio que mantuvieron sexo, hasta que ella quedó satisfecha. Luego le dijo que ya se podía ir. Él quedó extrañado y le preguntó que si cuando le dijo que regresara se refería solamente a eso, a un polvo. Ella le dijo que por supuesto que sí. ¿Qué que se creía él?.
    Cuando él salió del piso de ella no sabía hacía donde ir. Estaba destrozado y sólo. Ahora él era la marioneta de ella. Ahora él estaba todo lo perdido que ella deseaba.
    De vez en cuando él la llama a ella, y le pregunta si quiere verlo, si quedan, si le da una última oportunidad. Pero como ella sabe que él está pendiente de sus horarios, su vida, sus historias, siempre le da largas, y le dice que está demasiado ocupada, y que es hora de que la vaya olvidando. Ahora, gracias al corazón roto de él, ella se siente libre y segura de sus decisiones.
    Ahora ella está convencida de lo que quiere, va a tirarse a todos los hombres posibles.
    Ahora ya se siente una mujer de verdad.
    Porque ahora ella, se siente vencedora.

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