1. Camino del olvido

    Escribió eigual el día 28 Enero 2009

    María tiene ochenta años, y se sienta cada tarde en una terraza en la que siempre da el sol, a tomar una cerveza. Habla con su marido, de cualquier cosa: que hay que comprar el pan, que tiene que pedir hora en la peluquería, que hay que llevar el perro al veterinario, en fin, cosas triviales, del día a día. María aprovecha para hablarle a la gente que se sienta a su lado, de su marido, buscando antes la mirada cómplice de este, y tras hacer un ruido con la lengua, prosigue su charla. Cuenta que su marido no bebe nada, que solo la acompaña para que no este sola. Que últimamente está muy charlatan, y que le da la razón más veces. María, cuando termina cada frase, mira a su marido y sonríe, vuelve a hacer ese ruido con la lengua y prosigue con la charla. Cuenta también que Felipe, le recuerda las cosas, porque ya va teniendo mala memoria para según qué. Y María mira con infinita ternura a Felipe. La chica que regenta el Bar conoce a María desde hace muchos años , sin embargo, en vez de sonreír infinitamente ante la ternura que muestra María por su marido, y viceversa, tiene cara de preocupación, y si me apuras, de tristeza.

    Y es que yo también me preocuparía, al ver a María, casi cada tarde tomando el sol y hablando con su marido, que lleva muerto más de 10 años. Me preocuparía al verla hablar con alguien invisible, y que según cuenta a todo el mundo, se llama Felipe. Pues su marido se llamaba Antonio.

    Maldita enfermedad que nos llevas poco a poco a la tristeza del olvido, y a la muerte.

    Dedicado a una mujer que nunca leerá este relato, pero que comienza a experimentar algo muy parecido a esto, con un familiar. Mucho ánimo, amiga.


  2. Noches y olvido

    Escribió eigual el día 27 Enero 2009

    A mamá le gustaban las natillas recién hechas. Natillas humeantes. Se las tomaba  como si fuese una sopa. Mojaba pan en ellas, pan del día anterior.
    Las tardes de domingo nos contaba historias del abuelo, cuando iba a pescar y siempre venía con las manos vacías, y juntos se reían de tal hazaña.
    A mamá le gustaba salir a la calle, y sentarse sobre la acera con la silla de la playa, en noches de verano, cuando estar dentro de casa con tanto calor, se hacía insoportable. Y ahí fuera, en la calle, podíamos pasarnos horas y horas, podíamos ver durante mucho rato la luna. Y yo podía correr con los otros niños, hasta cansarme, hasta quedarme sin aliento, hasta ahogarme de la risa.
    Mamá y las vecinas hacían un círculo con las sillas, y entre historias y risas, el calor, se llevaba mucho mejor.
    Los niños corríamos por la calle a la luz de la luna y no pasaba absolutamente nada.
    Así que los viernes cenábamos bocadillo de choped y pan con nocilla, y éramos felices. Y estaba más bueno porque te lo preparaba mamá.

    Han pasado los años, demasiados años ya, y ahora mamá apenas sale de casa. Le he tenido que enseñar a contar con los dedos, a mirar la hora, a aprenderse uno a uno, todos los nombres de sus hijos y nietos. A comer con la cuchara, y a mojar el pan en el huevo cocido.
    Ahora, cuando soy yo quien sostengo la mano de mamá mientras se lleva el pan a la boca…..
    Ahora cuando soy yo quien le enseña lo que hay que hacer, y no hay que hacer…
    Ahora cuando apesar de enseñarle las cosas, se le vuelven a olvidar.
    Ahora… soy consciente realmente del amor que depositó mamá en todo lo que cuando era pequeño, me enseñó. Y ahora, con paciencia infinita, la miro a los ojos y le digo que soy yo: su hijo Mateo. Aunque mañana, tenga que volver a recordarle quien soy, y siempre me mire como quien mira a un desconocido.
    A veces le cuento cosas: le hablo de aquellos días en la plazoleta, de la acera que había frente a casa, donde salía a reunirse con las vecinas. Y en su mirada solo veo la tristeza, de quien no recuerda nada.
    En ese momento la abrazo, y sé, que voy a estar con ella, como ella, siempre ha estado conmigo.
    Entonces me pregunta qué le pasa. Y siempre le digo que lo que le pasa tiene un nombre pero que no lo recuerdo en ese preciso instante. Entonces ella me dice, mañana me lo dices. Y siempre le digo que mañana se lo digo, y nunca lo hago, por miedo de que le de tanto miedo escuchar esa palabra como a mi.
    Porque de todas formas, ella lo olvidará mañana, pero yo no.
    Hay veces que yo también quisiera olvidar.


  3. Breve. Pero intenso.

    Escribió eigual el día 24 Enero 2009

    - Usted va a morir mañana.

    - ¿Cómo? ¿Mañana? no puedo morir mañana, ¡tengo muchas cosas que hacer!.

    - Va a morir mañana, y se lo he avisado porque su comportamiento en este mundo ha sido un 75% perfecto, por eso a usted se le ha avisado del día de su muerte.

    - ¿Y no puede darme una semana más de vida?

    - La muerte no espera. La muerte llega, y la suya vendrá mañana a recogerle.

    - No puedo morir. Tengo muchas cosas por hacer todavía, déjeme un poco más aquí, por favor.

    - Yo no te he elegido. Te ha elegido la muerte: vendrá mañana a por ti. Deja de discutir conmigo y aprovecha tu tiempo.

    - Pero, no puedo morir, no he hecho nada en esta vida: jamás he trabajado, vivo en casa de mi madre a mis 45 años, nunca he tenido novia: aún no he conocido el amor. No me puedo morir. No tengo recuerdos de nada. Ni de nadie. Llevo toda mi vida sentado en el sofá esperando a que mamá me sirva la sopa, y comiendo patatas fritas.

    - Quizá por eso, mañana le toque morir.


  4. Nuevo hogar

    Escribió eigual el día 24 Enero 2009

    Ya estamos en casa, amor,

    me dices segura y nerviosa.

    Y me parece un sueño

    la casa vacía y los muebles nuevos.

    Toco las paredes, que amarnos, nos verán.

    Y miro la cama que guardará las caricias,

    y nuestro sueño,

    por la mañana.

    Lo miro todo, y me parece un sueño.

    Y te da miedo incluso,

    salir a la calle,

    cerrar los ojos mientras te duchas,

    y perderlo todo.

    ¿Es cierto todo esto?,

    te pregunto.

    Y me respondes que sí, con la cabeza y la mirada.

    Nos sentamos en el sofá marrón,

    y se detiene el mundo.

    Es verdad, estamos en casa,

    te digo.

    Ahí fuera retumba el mundo.

    Miramos por la ventana.

    Nuestro sueño está cumplido.

    (Dedicado a ti, por haberme cambiado la vida)


  5. Buscando a Belén Reyes

    Escribió eigual el día 21 Enero 2009

    Conocí a Belén, por casualidad buscando poemas de Gloria Fuertes en el google.
    Busqué a Belén: le escribí a la dirección de mail que vi por su página, sin obtener una sola respuesta.
    Quería encontrarla porque ella quería a Gloría Fuertes tanto como yo o más. Porque ella había podido abrazarla y yo no, y quería preguntarle como era aquella mujer que tantos versos nos ha regalado, que tantas veces me ha acompañado con sus poemas en noches frías llenas de soledad. Quería encontrar a Belén porque su forma de escribir me gustaba tanto como la de Gloría, porque la forma de escribir algunos poemas  se asemejaba mucho a la de Gloría, en incluso, a veces, a la mía.

    No encontré a Belén Reyes, pero no he perdido la esperanza. La esperanza de que algún día Belén ponga su nombre en el google y se encuentre con esta entrada y vea que la estoy buscando, que llevo mucho tiempo buscándola.

    Dejo aquí un poema que le escribió a Gloría y que por más que lo releo siempre termino emocionándome:

    Gloria Fuertes que estas en los cielos
    Con el Dios del anciano del parque,
    con el Dios que tejiste en tus versos…
    Con el dios que te hizo payaso
    Gloria Fuertes que estás en los cielos…

    Gloria Fuertes que estás en los niños
    En los hombres y mujeres del pueblo.
    Gloria Fuertes que un mes de noviembre
    Te escapaste sin boli y cuaderno.
    Gloria Fuertes que estás donde Philips
    Donde Chelo, Asunción y otros muertos
    Gloria Fuertes que ya sabes todo
    Lo que pasa después del silencio

    Gloria Fuertes que estás en mi vida
    Te has llevado un buen trozo del pecho.
    Gloria Fuertes que estás donde sea..
    No me basta la voz del recuerdo…
    Yo te quiero en tu casa y tus cosas
    Con un wiskhy un pitillo y un verso.

    Belén Reyes ( Noviembre 1999 )


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