1. Se termina el 2008

    Escribió eigual el día 31 Diciembre 2008

    El 2008 ha sido para mi, mi mejor año. Nunca jamás me han pasado tantas cosas buenas en un solo año:

    -Me he terminado de asentar en Barcelona: ciudad que me acogió desde un primer momento de la mejor forma que se puede acoger a alguien.

    -Me hicieron fija en mi actual trabajo.

    -Inaugure este blog.

    -Viajé hasta Madrid (cumplí un maravilloso sueño), y pude disfrutar de la compañía de ciertas personas a las que no hace falta citar, pues fue tan bello todo lo que allí viví que decidí guardarlo tan solo en mi memoria, en mis recuerdos.

    -Decidí que publicaría mi primer libro el 2009 (y en ello estoy).

    -La convivencia con mi pareja, estupenda. De hecho, en Enero de 2009 nos independizamos (dejaremos de compartir piso), lo cual quiere decir que las cosas marchan muy bien.

    -He estado escribiendo un artículo semanal durante varios meses, en un periódico digital (un sueño más cumplido, y espero que se pueda volver a repetir en otra ocasión).

    -He adoptado un gato, que se llama Groucho.

    Por supuesto han ido sucediendo más cosas, a lo largo de este, aún, presente año. Pero he querido citar las más importantes.
    Quería escribir un poema, un cuento de navidad, algo bonito. Pero me temo que lo dejaré para el año que viene, pues mañana día 31 dudo mucho que escriba en el blog. Así que, hasta el año que viene.
    Ah, si, no olvides de hacer repaso de lo vivido. Y como dice Ismael Serrano: quedarte con lo bueno, y tirar lo malo.

    Feliz año a todos, queridos lectores y amigos.


  2. ¿Qué es la navidad?

    Escribió eigual el día 30 Diciembre 2008

    Nos venden la navidad en la televisión. En la propaganda que encontramos en nuestros buzones, junto con las facturas del agua y el gas. Nos disfrazan la navidad de langostino, de wii, o del perfume más caro. Y nosotros, vamos, y nos lo creemos.
    La navidad señores…. la navidad no es eso.
    Pregúntale que es la navidad a la vieja podrida de la que una vez os hablé. Búscala y pregúntale, está sentada en un banco en el Paseo de Gracia, da igual que sea navidad o deje de serlo, ella sigue sentada en ese banco, llueva o nieve.
    Pregúntale también que es la navidad al hombre que solicitaba una ayuda en la puerta de aquel famoso banco, que se anuncia como “Adelante” en la televisión, y lo único que hacen es cortar el paso a un pobre hombre que reclamaba un poco de humanidad en la puerta de un banco.
    Pregúntale a ellos que es la navidad, ellos son los únicos que te pueden contestar.

    Y mientras nosotros llenamos la nevera y la despensa de langostinos, latas del foigras más caro del supermercado, botellas de cava. Y ponemos la mesa adornando el centro con un poquito de hipocresía, y dudamos si contestar o no la llamada de la hermana que solo llama cuando es navidad.
    Y miras a la abuela, que agarra con esmero las enaguas de la mesa, y asintiendo con la cabeza, piensa: “que generosos estamos en navidad, que poquito lo estamos durante todo el año…”. Y la abuela suspira mientras su nieto le tira de la falda.
    Venga, vamos a hartarnos de comer mantecados, mazapanes, turrones. Vamos a beber cava. Vamos a brindar por las guerras. Vamos a abrir los regalos. Tranquilos, hay para todos. Todos tendréis ese regalo, esa ilusión que dentro de 5 segundos, pasará a ser un estorbo más, para dar paso a otra ilusión material más. ¿Es esto la navidad?. Pues perdone, no la quiero. Que me devuelvan toda la esperanza y el amor que he depositado en ella. Me siento estafada, engañada.

    Mientras comemos, cantamos y bebemos, la vieja podrida y el hombre que solicitaba una ayuda pasan frío en la calle, y aún así conservan esa sonrisa y esa esperanza que quizá tu perdiste un día, aunque sigas cantando, pandereta en mano: “Navidad, navidad dulce navidad…. tralara tralara…..”

    Confieso que este post existe como consecuencia de la inspiración que me ha provocado este poema, tan hermoso, y tan cierto, de Rodolfo Serrano. Por cierto, desde aquí: muchas gracias Rodolfo, por tus poemas de los lunes, que consiguen que el lunes en la oficina no se haga tan pesado y tan largo.


  3. Escrito el día 5.8.07

    Escribió eigual el día 29 Diciembre 2008

    Un hombre que dice ser mexicano va cantando guitarra en mano, por las terrazas de los bares de esta ciudad que a veces parece brillar más que la luna.
    A mi lado tengo a  A. y a L. y me hace gracia verlas tan felices. Apuesto a que si dibujo un corazón entre las dos, para simbolizar su amor, este, se quedaría pequeño para guardar todo el amor que sienten la una por la otra, dentro: por eso sonrío de medio lado y miro a la gente, que mira al hombre mexicano como si les molestase, algunos incluso evitan mirarle. Y en realidad, aquella gente no quieren mirar a ese hombre mexicano porque les gustarían ser como él: tener su momento de gloria alguna vez en la vida.
    Este hombre se gana la vida cantando, tocando la guitarra, y luego pidiendo: un billete de 10 o de 20 euros graciosamente, mientras la gente le mira con cara de pocos amigos y les sueltan o un “no” con la cabeza o una moneda de 50 céntimos en la bandeja metálica.
    Y el hombre sonríe y sigue pasando con insistencia la bandeja.
    Me imagino a ese hombre, en casa, contando las monedas: diciéndole a sus tres hijos que este mes no podrán beber  leche porque no llega el dinero….
    Y se me parte el alma en dos. Y me doy cuenta que estamos aquí, para vivir los momentos, no para quejarnos. Por eso, llamo a la camarera y me pido un helado de “caramelo y chocolate” mediano, y al llegar  el helado, en vez de mediano, parece gigante, y esto se convierte en un pequeño placer que disfrutas como si fuera el último. Y esto, esto es lo que le da sentido a esta vida.

    Hoy he recogido un gato de la calle, y a parecido ser al revés: que el gato me recogiese a mi, en vez de yo a él. Porque desde que ha puesto sus dos patas delanteras sobre mi brazo y mi pierna he sentido como si ese gato me abrazase, y vale, confieso que ha logrado sacarme una lagrima de cristal de los ojos. Y vale, confieso que me he sentido especial. Un gato , ja ja ja, haciéndome sentir especial.
    Ya se lo he dicho: Si mamá te echa de casa, haré las maletas y me iré contigo. Y el parecía dedicarme una sonrisa.

    No tiene nombre, ni nada. C me ha dicho: no le pongas nombre, así le coges menos cariño... Y es verdad. No le pondré nombre. Intentaré darle el cariño que pueda hasta que un día llegue y ya no esté.
    ¿Que triste verdad? Llegar un día a casa y no encontrarte con alguien que quieres. O que durante el día, has echado de menos. Y saber que no le volverás a ver más. Y saber que el tiempo es quien dicta todo: El tiempo. Y a veces te gustaría matar al tiempo, porque es él quien se lleva los buenos momentos, para traerte otros, sí, pero otras veces te trae malos, y hace que esos malos momentos se queden contigo durante mucho tiempo.
    Me dices eso, que no le ponga nombre al gato. Yo solo quiero escapar contigo. Irme contigo. Le preguntaré al tiempo, cuánto tiempo queda, para que eso suceda.
    Y ya te cuento.


  4. Pequeña historia: Indecisión

    Escribió eigual el día 29 Diciembre 2008

    La luz de la mañana entraba por las rendijas de las persianas y el café se calentaba contagiándolo todo con ese aroma a madrugada.
    Ella todavía no estaba despierta. Le gustaba demorarse unos minutos después de que el despertador hubiera sonado, en un intento desesperado de sentirse dueña de su tiempo, alargando el letargo bajo las sábanas. La decisión está tomada. Le abandonaba. Cinco años son suficientes para comprobar, confirmar y asumir que lo nuestro no funciona.
    Que tal vez hubo un tiempo en que pudo ser, que fuimos moderadamente felices y que al mirarnos a los ojos había cierta complicidad compartida. Que luego todo pasó a formar parte de pequeños momentos, para terminar olvidándose en el cajón, junto a los recibos del agua, de la luz y la hipoteca.

    Tenía las maletas preparadas junto a la puerta. Cuando ella se levantara dentro de unos minutos se encontraría confusa y no quería estar allí para enfrentarme a sus preguntas. No me atrevería a mirarle a los ojos, ni a balbucear excusas. Siempre fui una cobarde absoluta. Por eso le estoy escribiendo una carta. Hago un repaso mental de las veces que he intentado dejarle. Con esta son tres. Esta vez lo voy a conseguir. Estoy casi segura. En la carta le digo que necesito tiempo, tiempo para mí, tiempo para pensar, tiempo que recuperar. Que hemos sido muy felices pero que necesito algo más que ya no encuentro en sus abrazos. Que no me gusta dormir siempre en el mismo lado de la cama. La cafetera silva avisándome de que se me acaba el tiempo. Termino la carta y me da por llorar, y una lágrima irónica moja la palabra amor emborronándola y deformándola. Siempre retiro el café del fuego y lo pongo junto a las tostadas. A ella le gusta muy cargado.Me doy la vuelta y allí esta ella. Me da los buenos días con un beso y se sienta a desayunar.Luego me cuenta que hoy tiene poco trabajo y que si quiero ir al cine esta tarde a ver esa película que tantas ganas tenía de ver.Se me queda mirándome y me pregunta si he llorado. No. ¿Y qué te pasa? Nada. Mientras ella se ducha deshago la maleta y escondo la carta en mi bolso, junto a las otras dos cartas que nunca leyó y que siempre dicen lo mismo.Tal vez otro día.


  5. Hablando de amor

    Escribió eigual el día 27 Diciembre 2008

    -Cariño, ya estoy en el aeropuerto, en la cola para embarcar. Cari, que guay, ya mismo nos vemos ¿estás contenta?. Tengo ganas de verte. ¿No me digas? ¡qué guapa es mi niña!. No veas cari, llevo la maleta a tope, ya la verás. Va a explotar. No cabe ni un alfiler. Tengo la boca seca, en el avión me pediré una botella de agua o una cocacola, aunque tenga que pagar tres euros por ella. Tres euros, puff, será el agua más cara que me tomé en toda mi vida. Ah, es verdad, pues sí, hay un pequeño Bar, voy para allá… tengo que dejar la cola, bueno, da igual, aún no han comenzado a embarcar….

    - A ver… Hola, quiero una botella de agua. Pequeña, sí. ¿Cuánto es?. Vale, aquí tiene. Gracias. Joer, cari, es el agua más cara que me he tomado en toda mi vida: me ha costado tres con cincuenta. Madre mía, ay… ay… Espera, no cuelgues ¿eh? voy a abrir la botella. Ya está, ya estoy bebiendo, qué sed tenía. Que rica, me sabe bien el agua a precio de oro. Mi niña, se mueve la cola, ya estamos embarcando. Ya queda menos para vernos. Yo cuando llegue me cojo un autobus ¿vale?. Nada más llegar me subo en uno, y voy hasta tú casa. ¿Estará tu madre cuando llegue?. Pues genial, así la veo. Joer, cari, esta noche dormimos juntos ¿estás contenta?. Vamos a vernos dentro de…. espera, que miro el reloj, dentro de una hora y treinta minutos. Que bién. Ay, ay…

    - Bueno mi niña, te voy a dejar porque embarco ya. Me subo al avión. Ya no me dan miedo los aviones ni ná. Ya es como ir en bicicleta, como respirar. Venga cuelga. No, tú. No, no, cuelga tú, venga, mi niña. Hasta ahora… cuelga. Yo también. Cuelgo. Te quiero. Yo también. Ay, ay… me vas a matar antes de subir al avión. Venga, hasta ahora mi niña. Cuelgo. Te quiero mucho. Ay… Adiós.

    Giro la cabeza, y le miro, tras escuchar su conversación telefónica. No debe tener más de 20 años. Lleva una maleta de color rojo que parece estar apunto de estallar y la mirada llena de ilusión. De su conversación se ha enterado todo el aeropuerto, ya que los granainos tenemos la manía de hablar muy alto. Y el muchacho hablaba bien alto, y bien claro. Dos parejas más lo miran. Y a él parece darle igual. A mi me ha contagiado su felicidad y su ilusión. En otro hombre parece haber causado el mismo efecto, porque le mira de reojo y sonríe. Dos mujeres jóvenes le miran y piensan que ya quisieran ellas tener a alguien lejos con tantas ganas de verlas.
    Comenzamos a subir al avión. No pierdo de vista el muchacho, que tira de su maleta roja con inmensa felicidad. Sin él saberlo, mientras hablaba por teléfono ha llenado las ilusiones, los sueños, los corazones, de muchas personas que le acompañaran en ese vuelo de sus sueños, en ese vuelo que le reunirá dentro una hora y algo, con su amor.

    Y por un momento hemos sentido esa misma emoción. Y cada una de las personas que hemos escuchado sin querer queriendo esa conversación, hemos vuelto a revivir aquellos encuentros con nuestro amor. Aquellos primeros encuentros donde todo lo demás no importaba, donde lo único que triunfaba era el mismo sentimiento de amor.

    Y cuando he subido al avión he visto a ese chico sentado en su asiento y por un momento he tenido ganas de hacer ese viaje de avión en el asiento vacío que había a su lado. Al final, a su lado, se ha terminado sentando un hombre, el mismo hombre que también había escuchado la conversación y que desde un principio parecía querer entablar diálogo con él. Me he sentado en mi asiento y cuando el piloto ha anunciado el aterrizaje en Barcelona, una tormenta, una fuerte tormenta, nos ha pillado en plena maniobra de descenso, el avión se movía bruscamente, de un lado para otro. Muy fuerte y durante esos quince minutos que ha durado el descenso he sentido miedo.
    Miedo a que algo terrible sucediese con todos nosotros. He mirado la cara de la gente, y en ellas he encontrado pánico y miedo. He buscado con la mirada la cara del muchacho, y he podido encontrar la misma sonrisa, la misma mirada llena de ilusión y felicidad que tenía antes de embarcar. Entonces me he acomodado aún más en mi asiento, he mirado al frente, y desde ese momento, aunque el avión seguía moviéndose sin parar, he dejado de temblar y de sentir miedo.
    Es imposible que este avión no aterrice hoy. Es imposible. Hay cosas que no pueden pasar.
    Hay cosas que sencillamente no pueden ocurrir.


Mas entradas