1. La espera mentira

    Escribió eigual el día 30 Noviembre 2008

    Me llamas por teléfono y me dices que no me echas de menos.
    Que no echas de menos los besos que no te dí, ni las notas que dejaba colgadas por casa antes de ir al trabajo. Me cuentas que no echas de menos las magdalenas de chocolate que hacía, y que un día quemé, y gracias a ese día descubrimos que las magdalenas tostadas estaban más ricas.
    Me dices que no miras el reloj. Que los domingos no esperas mis llamadas. Que no repasas nuestras cartas. Que no buscas mi número en tu agenda.

    Me llamas y tu voz se deshace tras el auricular. No aguantas las lágrimas: te pregunto si ese ruido eres tú, y me respondes que ha empezado a llover. El silencio se hace, y tu corazón se encoje a la par que pronuncio tu nombre para preguntarte si sigues ahí. Y contestándome que si, me dices que tienes que colgar. Que esta noche vendrá gente a tu casa, que haces una fiesta. Y es mentira, pero a ti la mentira te duele menos si te la crees. Y yo te despido, sabiendo que no estás bien. Y tú no me dices que me echas de menos, que no quieres colgar, que la casa está vacía. Qué quieres verme.

    Y cuando cuelgas el teléfono te echas a llorar, aprietas el teléfono contra tu pecho hasta hacerte daño. Cierras las ventana y bajas la persiana. Te tapas con la manta de cuadros rojos que yo utilizaba para escribir aquel libro de poemas que nunca publiqué. Te quedas dormida, con el teléfono en tu regazo, esperando mi llamada. Mintiéndote otra vez, con esa dosis de mentiras que te tomas cada 8 horas. Pero yo no te llamaré, tampoco lo haré mañana.
    Estoy haciendo un bizcocho de chocolate, que por cierto, hoy no quemé.


  2. Aquellas pequeñas cosas

    Escribió eigual el día 29 Noviembre 2008

    Recuerdo las peleas con mi madre porque no quería lavarme los dientes antes de ir a la cama. Recuerdo las peleas porque no quería ducharme. Y las peleas porque no quería comerme las lentejas. Mi madre me regañaba, me decía: Si no te lavas los dientes, cuando seas mayor te los tendrán que sacar todos. Y aquellos días, en que no quería ducharme, y venía mi tía a casa y recuerdo que con paciencia me explicaba porque me tenía que duchar. Lo de no querer comerme las lentejas llegó después, aún recuerdo como si fuese ayer, el día que mi madre me echó las lentejas por la cabeza, y no fui al colegio por la tarde.

    Han pasado los años, y ahora, entiendo a mi madre. Entiendo su afán porque me lavase los dientes, porque me duchase, o me comiese las lentejas.
    Ahora mi madre no me ve, y no sabe que me lavo los dientes cada noche, e incluso ahora, después de cada comida. No sabe que me ducho cada día. Ni lo mucho que echo de menos sus lentejas.
    Sin embargo, yo no sabía que aquellas pequeñas cosas sin importancia, como no lavarme los dientes, no ducharme, o no comerme las lentejas, años más tarde me pasarían factura.

    Y hoy, cuando abro la boca frente al espejo y veo que la tengo casi toda llena de empastes, pienso en mi madre. Cuando me voy a meter en la ducha, también pienso en ella, en las irritaciones que le daba. Hoy que me ducho cada día, y que lo que me cuesta es salir de la ducha, no meterme. Y las lentejas, ¡lo que daría yo por unas lentejas de las que hace mi madre!.

    Hoy aquellas pequeñas cosas son grandes.

    Y lo peor no es eso, lo peor es que no lo pensamos. Qué no nos damos cuenta.


  3. Lo que nunca tenéis que hacerle a vuestra novia

    Escribió eigual el día 29 Noviembre 2008


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  4. Ojalá fuese verdad

    Escribió eigual el día 28 Noviembre 2008

    Camino por el andén. Una mujer espera el tren en el mismo andén por el que camino. Esta muy quieta, y aprieta un libro contra su pecho. La miro, no dejo de mirarla. Descubro que el libro que aprieta contra su pecho es el primer libro que he escrito. He pasado frente a ella, y no me ha reconocido.
    Abraza mi libro y es como si me abrazase a mi. Es como si intentase colarme a mi, dentro de su pecho.
    No dejo de mirarla.

    Subimos al vagón. Ella ha entrado por una puerta, y yo por otra. No dejo de seguirla con la mirada. Se queda de pie, apoyada en la pared del vagón, abre el libro y comienza a leer. Va exactamente por la página número 200. Lo sé, lo noto por el grosor que ha leído, por el grosor que le queda por leer. También lo sé por sus gestos, por su arqueo de cejas, por su agonía en pasar una página, y otra, y otra más.
    No dejo de mirarla. Yo sé el final: pienso. Es extraño ver a alguien leyendo un libro que ya te has leído. Pero más extraño todavía es ver a alguien leer un libro que has escrito tú. Es increíble.
    Quisiera acercarme a ella y preguntarle: ¿Qué te parece el libro, te está gustando?, yo soy la escritora -y sonreír-.
    Sin embargo, llega mi parada. Aprieto el botón para que se abra la puerta, y salgo.

    Porque todo es mentira. Ni ese era mi libro. Ni me lo había leído.


  5. Primer concurso low cost film de IBanesto, del eZcritor!

    Escribió eigual el día 27 Noviembre 2008

    Míralo y dime ¿qué te parece?:

    Esta es mi humilde forma de ayudar a Rafa “el ezcritor”, a difundir un poco más su anuncio. Los colegas estamos para eso. Y sinceramente, a mi me gusta bastante, es un anuncio muy ezcritor… mucho…

    Suerte en el concurso Rafa!!


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