No puedo salvar su vida. No puedo ir en busca de su abrazo. No puedo buscar sus ojos, ni secar sus lágrimas, ni puedo cogerme fuerte de su mano. No puedo ayudarle. No puedo cambiarle la vida. No puedo decirle: “tranquilo, estás a salvo, ya nada te hará daño”. Si pudiera, le encontraría de pié, como siempre, escondiéndose dentro de esa seriedad que le caracteriza. ¿Cuántas veces le he visto llorar? ¿dos, tres, cuatro?. Cuando murió su Padre, cuándo murió su hermano, cuando sacó las bolsas de plástico de casa llenas de ropa y aquella maleta vieja, y se fue. La cuarta no la recuerdo bien, está difuminada en mi memoria.
No te voy a preguntar como has llegado a este punto, porque ya lo se. Te puedo pedir que vuelvas a casa. A tú casa. Vuelve. Deja a esa mujer. El amor no es eso. No es eso. Créeme. Mira a tus hijos: eso es amor. Mira a la mujer que se preocupa por tus manos, por tus pies, por tu estómago, por tu vida. Ella te quiere, nunca dejó de hacerlo. Te sigue queriendo, por dios ¿no lo ves?. Vuelve a casa. Da igual el pasado. Da igual que la gente no entienda, y hable. La gente habla, hablará siempre. Pero la gente no está contigo, cuando cada noche, hundes la cabeza en tu almohada y te sientes sólo. No mereces la vida que tienes ahora. Y yo, te daría un poquito de mi vida, y de mis ganas de vivir, para verte cerrar la puerta, a estos últimos ¿5,6 años?. No quiero que mañana me llamen y me digan que te has muerto. Sé que te puedes salvar. Y solo tú puedes hacerlo. Tú no tienes la culpa de que esa mujer sea una [..], en fin, lo dejaré aquí. Déjala. En casa te siguen esperando. Tu fotografía sigue estando en la mesita de noche. Hay alguien que te piensa, y que hoy ha llorado por ti.
Sálvate, que nosotros no podemos salvarte. Llevo esperando a que vuelvas tanto tiempo. Me fuí de casa ¿sabes?, porque no podía seguir echando de menos tu tos de por las mañanas, y el olor de tu tabaco. Me quedé con las ganas de verte sentado en el sofá que siempre ocupabas. Me he quedado con las ganas de acercarme a tí, y poner encima de tus rodillas, una historia que escribí, y leerla contigo. Cada vez que me miro al espejo te veo a ti. Tengo tus ojos, es imposible no verte cada vez que me miro. Te quiere. Ella te quiere,el amor es eso, el amor es querer a alguien sabiendo perdonar sus errores. ¿Qué te has equivocado? ¿y qué?. Yo también me equivoqué. Pero aquí estoy. He vuelto a vivir y a ser feliz.
Hay amores que te hacen crecer y otros que te destruyen. ¿Qué amor quieres para ti?. Yo no quiero seguir viendo como te destruyes. No quiero que me llamen para contarme que tienes las ojeras más grandes, que bebes más que ayer. Házlo por ti, el tiempo pasa. No tienes 40 años. No los tienes. No quiero dentro de unos años, tener que llevarte flores, ni llorar tu ausencia. Quiero, dentro de unos años, decirte que fuiste valiente, que saliste de allí, que salvaste tu vida. Quiero abrazarte, dedicarte el libro que escribí, darte un abrazo, estrechar tu mano, y por fin, escuchar salir de tu boca, ese te quiero, que hace tanto que no escucho. Quiero tú mirada, la mirada que tenías, cuando nació la niña de ojos grandes, o cuando llevaron al pequeño al hospital, y cuando estaba entre la vida y la muerte en aquella urna de cristal, tu sabías que no se iba a morir, porque confiabas en que el cariño y el amor, y tu presencia allí, día tras día, le ayudarían. Y se salvó. Y en esos momentos tu también te sentías a salvo.
Ahora para nosotros, tú tambíen estás en una urna de cristal, encerrado, y te queremos salvar.
Pero tú tienes la última palabra.
O la dejas, o ella terminará por matarte, y ya nunca podrás hacer nada.
Y nosotros, tampoco.