1. Los poemas que te escribí

    Escribió eigual el día 30 Septiembre 2008

    Dejabas caer tu brazo, sobre la cama, dejando abierta la palma de tu mano. Que vacía la tengo - me decías -. Yo golpeaba el teclado, tecla tras tecla, me giraba y te veía allí tumbada. Tan pequeña. Tan frágil. Con el pelo tan rizado, tan alborotado. Era curioso, siempre tenías reservada una sonrisa para mi, aunque fuese una pequeña, pero siempre la tenías. Y yo siempre tenía otra para responderte. Me hablabas del amor como algo que tu nunca encontrarías. Y yo te leía los poemas que escribía. Me preguntabas que en quién pensaba cuando escribía todas esas cosas. Me dejo llevar, no pienso en nadie en concreto -te respondí-. Te mentí. No podía decirte que pensaba en ti, que a cada golpe de tecla pensaba en estar más cerca de tu cara, más de lo que normalmente estaba. Pues menos mal que no piensas en nadie, que cosas más bonitas -me decías, sin quitar ojo de la pantalla-. ¿Te imaginas, te imaginas que alguien me escribiese a mi algo así? -me preguntabas con los ojos muy abiertos-. No sería de extrañar, cualquiera podría escribirte a ti cosas como estas -te respondía, mientras no fijaba mis ojos de los tuyos-. Imposible, a mi nadie me puede escribir esto, porque además, poca gente tiene la sensibilidad para escribir, que tienes tú -me contestó-.

    Y tenía razón. Nadie tenía mi sensibilidad, ni nadie estaba tan enamorada como yo lo estaba de ella. Yo, que me quedaba hasta las 4 de la madrugada escribiéndole poemas, que luego ella leía y los hacía suyos. Y me decía, en voz baja y conteniendo un suspiro: que bonito, que bonito, mira, estoy temblando. Y te cogía el brazo, y vaya si temblabas. Aunque yo, lo que quería era temblar contigo y hacerte temblar a base de caricias y palabras al oído. Era consciente de que pronto, alguien te encontraría, o tu encontrarías a alguien, y yo tendría que desprenderme de todos los sentimientos que me llenaban el pecho, y estas ganas de escribir, de escribirte a escondidas, bajo la bombilla de mi habitación. Y ese día llegó. Me dijiste que te habías enamorado, y me alegré, me desgarré por dentro, mis ilusiones se hicieron trocitos, pero me alegré por ti, y por él.

    Una mañana viniste a desayunar a la cafetería, y tras pedirme un zumo de naranja natural, me dijiste casi sin separar esos labios que nunca probaría: Él no me escribe poemas, pero… me quiere mucho. Te sonreí y me giré, con la excusa de hacer unos cafés. Mientras te tomaste el zumo no fui capaz de mirarte a los ojos. Los míos estaban rojos, de tanto aguantarme el llanto, y de sentir eso que todos llaman celos. Dejaste sobre la barra de metal dos euros, y vi como te alejabas diciéndome adiós con la mano, entre la gente. Adiós, princesa adiós -te dije, pero no escuchaste-.

    Los días que vinieron estaban llenos de soledad. Yo te echaba de menos, y te escribía los últimos poemas, mientras tu disfrutabas de un nuevo amor. Ahora tu mano, no estaría vacía. Me apenaba no haberla podido llenar con la mía. Nunca te lo decía, pero la mía estaba tan vacía como la tuya. Y te tenía tan cerca. Pero nunca lo intenté. Esperaba, como esperaba a que cada tarde leyeses mis poemas, y captases la señal. ¿Pero qué señal, que señal, por Dios, que señal?. No podías captar nada. Esperabas a tu príncipe azul, y yo apenas era una princesa. En mi habitación apuraba el último trago de coca cola , apoyaba mis brazos y sobre ellos, mi cabeza, en la barandilla de mi terraza. Una noche perfecta. Para llorarte de nuevo. Esta vez es la última vez que lo hago. El último poema que te escribo.

    Viniste a mi casa. Hacía siete tardes que no venías. Me preguntaste si había escrito estos días atrás, y te contesté que había escrito muy poco. ¿Puedo leerlos? -me preguntaste-. Te llevé hasta mi habitación, te abrí el archivo donde tenía exactamente tres poemas. Como siempre, te acercaste a la pantalla, a mi, lo justo y preciso, para volver a reconocer tu perfume de siempre. Lo justo para ver si tenías alguna marca nueva en el rostro. Lo justo. Y de repente, no me contuve: y comencé a llorar frente a ti, por primera vez.

    - Estos son los últimos poemas que te escribo -te dije-.

    Me levanté con intenciones de irme de la habitación, pero me cogió del brazo. Y sin preguntarme nada, entrelazó su mano con la mía. Luego me dijo que no podía contar nada más. Y yo se lo prometí.


  2. Un regalo

    Escribió eigual el día 29 Septiembre 2008

    ¿Cómo pasa el tiempo verdad?

    No sé muy bien que escribirte,

    contigo siempre me faltan las palabras.

    Pero creo que si se como emocionarte…

    ¿o no?.


  3. Con mucho hielo, porfavor

    Escribió eigual el día 29 Septiembre 2008

    Te gastabas todo el dinero en fumar, en beber y en comprar cosas caras: como aquel ordenador que no alcanzabas a pagar cada mes, o aquel piano de teclas infinitas…
    No tengo dinero, estoy arruinada: ya no salgo más -decías-. Pero volvías a salir cada fin de semana. Te quejabas: no tengo para pagar mis préstamos, ni para echarle gasolina al coche, no tengo para comprar tabaco y tengo mono.

    Te presté 40 euros para que comprases tabaco: te los gastaste esa misma noche en alcohol. Ligaste con la chica que te gustaba. Te la llevaste a la cama: tuvisteis sexo.
    Te intentaba ayudar, cada noche hablábamos hasta las 5 de la madrugada: bien por Internet, bien por teléfono.
    No cojas el coche borracha -te dije- Lo cogiste esa misma noche. No pasó nada. ¿Pero y si hubiese pasado?.

    Siempre la misma historia. Me prometías cosas: no voy a salir este fin de semana, no voy a gastar (no tengo para gastar), tengo que dejar de fumar.
    Tus promesas duraban lo que dura un caramelo en la puerta de un colegio.
    Y mi paciencia volaba.
    Quedamos una noche. Me invitaste a cenar. Creo que para pagarme esos 40 euros que me debías (no te los iba a coger).
    Cenamos, me llevaste hasta casa en tu coche. El coche te pitaba, quería comer. Te dejé 20 euros en mi asiento. Te mandé un mensaje al móvil: echa gasolina.

    Me echaste en cara, sin palabras el que no te besara esa noche.
    Tu también lo podrías haber hecho. De todas formas ambas sabíamos que nuestras vidas distaban un abismo.  Y nuestro amor, seguramente, también.

    Me escribiste varios mensajes. Que eras infeliz, que todo te iba mal.
    La misma historia.
    Eras tú quien tenía que cambiar.
    Te mandé un poema de Gloria Fuertes:

    SIEMPRE HAY ALGUIEN

    Quitaros esa máscara,
    la tristeza no es más que una careta,
    puede durar tanto como tardes en quitártela tú mismo,
    prueba.
    Estás provocándote llanto artificial, hermano;
    he dicho hermano y debí decir amante.
    Nos cogemos las manos y no decimos que se siente nada.
    Poco a poco se va mezclando nuestra sangre en los
    encuentros.
    Un buen día acabaremos por ser la misma cosa.
    Libres somos.
    Frecuentamos el dolor porque queremos,
    como pudiéramos frecuentar el parque.
    Hablamos de mutuas soledades,
    hablamos de aventuras que tuvimos,
    de que todo está lejos,
    de que es difícil.
    Y nunca hablamos de esto maravilloso que nos va
    convirtiendo en ranas.
    ¿Quién dijo que la melancolía es elegante?
    Quitaros esa máscara de tristeza,
    siempre hay motivo para cantar,
    para alabar al santísimo misterio,
    no seamos cobardes,
    corramos a decírselo a quien sea,
    siempre hay alguien que amamos y nos ama.

    Tú encerrada en tu habitación. Sin tabaco. Soñando con fines de semana llenos de alcohol. Bocas nuevas. Con el amor.
    Rallando tus oídos y tu  autoestima una y otra vez con la misma canción:

    Solo tu podías salir de aquella rutina. Lo que pasa es que te gustaba demasiado la juerga, el alcohol, y prometer cosas que nunca cumplías.
    Perdimos el contacto. Creo que fue lo mejor: tu creías que yo viviría tus juergas contigo: lo siento: nunca me gustaron las discotecas, ni el tabaco, y el alcohol lo prefiero de vez en cuando y en su justa medida.
    No era yo tu princesa ni quería beber de tu copa.

    Mis consejos los escuchabas pero no los llevabas a la práctica. ¿Ves? en eso si que nos parecíamos. Las dos éramos un desastre.
    El problema es (si es que lo hay) que yo he sentado algo más la cabeza, pero tu sigues en la misma línea.
    Mira, quizá sea eso lo que te da luz. Quien sabe…


  4. Rescate de palabras

    Escribió eigual el día 29 Septiembre 2008

    Quedar enamorada en sueños y despertar.

    Luchar por amores imposibles que nunca rozaran las sábanas de nuestra cama.
    Escribir cartas: encerrarlas en un cajón.
    No descolgar ese teléfono maldito. No susurrar su nombre: Prohibido imaginar su cuerpo desnudo; la textura de su piel. El olor que lo llena todo.
    Escuchar las canciones que llenaban de lágrimas saladas las ensaladas de pasta de colores.
    Imaginar escapadas. Inventar nuevos viajes, como aquel, que iba desde tus labios a tus pechos.
    Dejar cerrada tu puerta: para que no entre la corriente ni el miedo.
    Sostener en la mano un vaso en el que tus labios se apoyaron una vez: beber de el.
    Soñar contigo para volver a mirarte.
    Rodear con mis brazos el recuerdo: darle calor en mi garganta.
    Dejar caer mi cuerpo en el aparcamiento vacío.
    Mirar a tu ventana: recitar un poema con tu nombre antes de dar la esquina.
    Desordenar palabras para ordenarlas luego con las yemas de tus dedos.
    Invitarte a un café. Sacudir tus hombros llenos de dudas.
    Remover tu café y tus silencios. Romperlos con los míos.
    Escribir una nota en una servilleta rota.

    Trasladar la soledad al asfalto.
    Proponer una huida: ver el mar.
    Dejar de soñar mentiras: revolver tu pelo: quedar colgada de el.

    Salir corriendo sin tropezar con mis pies.
    Huir.
    Porque solo quien huye se encuentra.


  5. Rectificar es de sabios

    Escribió eigual el día 29 Septiembre 2008

    El día 13 de Septiembre servidora escribía este post.

    Pues bien, han sucedido varias cosas en mi vida, en estos días, las cuales me han hecho pensar que apuntarme al concurso 20 blogs quizá no era tan mala idea como yo pensaba:

    1º-. Apuntarme supone que podré votar a los concursantes, lo que si no estás apuntado, no puedes. Y mis votos ya los tengo más o menos decididos.

    2º-. El premio, sinceramente me llama la atención y en estos momentos no me vendría nada mal esa suma de dinero.

    3º-. La idea de que mi blog llegue a más personas, me atrae. Me explico: hay gente que a día de hoy me lee gracias a que, en las anteriores ediciones del concurso me apunté, y me conocieron a través de la página de 20 minutos: gracias al concurso.

    4º-. Una persona me ha enviado un mail, y me ha dicho que este año, más que nunca, tengo que estar en esa lista de participantes. Según esta persona, totalmente anónima (por ahora), mi blog, el de ahora, ha crecido, en cuanto a contenido y diseño. Dice que he mejorado mi forma de escribir, que ahora soy más buena. Que este blog debe participar en ese concurso y optar al premio. Lo cual me ha hecho pensar.

    5º-. Y por último, aunque sé que no voy a ser yo quien gane, merece la pena, por los cuatro puntos anteriores, apuntarse. Aunque tenía decidido que no me apuntaría, que no iba a gastar mis ilusiones ahí. Pero no voy a ilusionarme, como otros años, tan solo voy a escribir mi blog, como hago hasta ahora, y a quien le guste, si me quiere votar que me vote, y si no, que no lo haga. Pues sinceramente, ha sido el punto número 1, lo que me ha hecho replantearme seriamente el inscribirme.

    Así que aquí queda la explicación a mi cambio de opinión.

    Y no, no te voy a decir que me votes, para terminar este post. Porque tu voto será desperdiciado, ya que no creo que me voten las suficientes personas, como para ganar. Así que da tu voto a quien pienses, realmente, que merece ganar. Y suerte.


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