1. Lo que no se ve

    Escribió eigual el día 2 Septiembre 2010

    Llego a casa, cansada porque llevo todo el día sin verte. Y te busco,

    entre las paredes y en tus cosas.

    Cierro los ojos y me imagino tu voz,

    aquellos días en que mis dedos temblaban

    cerca de tus labios y sentíamos morir antes del beso.

    Llego a casa y cierro las ventanas. La puerta de la habitación.

    Abro tu armario para que tu olor lo inunde todo.

    Me tumbo en la cama y abrazo tu almohada

    buscando algún resto de tu cabello que llevarme a la boca.

    Y cuando el reloj me pincha con sus agujas y me dice que llegas

    cierro el armario,  dejo de abrazar la almohada

    y me pongo de pie y voy hasta la puerta

    para recibirte, como quien no espera tu llegada.

    Tu presencia me viste, me llena, me abraza,

    así que te miro como si no te pudiese tener nunca

    con el mismo amor que coraje

    y tú suspiras.

    Si tú pudieras ver cuánto te quiero.

    Si yo pudiese hacerte ver cuánto te quiero,

    con mi vida, con mis caricias y mis miradas

    dejando a un lado la palabra,

    entonces, solamente, entonces

    podrían darle por culo a las poesías.

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  2. Monotema (vendrá la lluvia)

    Escribió eigual el día 2 Septiembre 2010

    Tú sabias que el invierno se escapaba. Llegaban los primeros soles. Y eras consciente de que el próximo invierno no te rozaría la piel. Que ya no comeríamos castañas asadas en tu sartén vieja. Que no nos tiznaríamos más los dedos ni las uñas pelando castañas asadas mientras nos contábamos historias.

    La visión de las cosas cambia, cuando sabes que cualquier cosa que hagas, puede ser la última. Y mucho más, cuando sabes, a ciencia cierta, que puede ser la última vez que te das un baño, o que te rascan la espalda, o que te dan un beso, o que haces tus necesidades, o que comes una fresa o un helado y te manchas la cara.

    Tú sentías todas esas cosas, por eso te brillaban los ojos de aquella manera. Me gustaba estar a tu lado. Nadie supo de mis citas contigo. Tú me preguntabas que por qué elegía quedarme con un moribundo en vez de irme con gente llena de vida. Te hubiese pegado un guantazo por decir aquello, pero te salvó que estabas débil y aquel guantazo te hubiese dolido durante tres días.

    Recuerdo cuando me decías cariñosamente que te pelase la manzana, porque te temblaba el pulso y apenas tenías fuerzas. Y yo te cortaba la manzana a trozos pequeños. Me estoy muriendo, no veré tu primer libro, qué pena, joder, qué pena -decías-. Mi libro -te decía- es lo de menos. Es lo menos importante que te vas a perder de la vida.

    Nunca te he dedicado un libro. Siempre me decías que no lo hiciese, ya estuvieses vivo o muerto, que las dedicatorias eran como esquelas raras. Y pensé que exagerabas, pero como ves, nunca lo hice, ni lo haré.

    Estos días son nublados. Y cuando amenaza la lluvia, es como si amenazases tú con venir. Como si te fuese a encontrar en alguna calle, al cruzar una esquina. No sé.

    Siempre me decías, que de vivir en una ciudad grande, como Barcelona, por ejemplo, que tocarías tu guitarra en los metros, y en la calle. Con tu pelo negro enmarañado, y tu barba de tres días.

    Sí, aquellos días, mucha gente no habría entendido qué hacía yo con un moribundo, tocando la guitarra, comiendo castañas o escribiendo poemas, encerrada en casa, mientras la vida esperaba fuera callada.  Pero en realidad él no era un moribundo. Yo estaba con una persona que rebosaba vida. Esa especie de vida que, la muy hija de puta no es capaz de ganarle la partida a un cáncer.

    Y entonces aprendí a saber perder, lo que era perder la partida más importante de tu vida.


  3. Esther Lopera y su música

    Escribió eigual el día 1 Septiembre 2010

    Si te digo que me encanta la música que hace Esther Lopera, su voz, tal vez la primera pregunta que me hagas es: ¿quién es Esther?. Bien. Yo hasta hoy mismo tampoco lo sabía. Y es esto lo que me mosquea, que gente tan buena, y tan profesional, que aman lo que hacen, no sean tan conocidos, cuando debería de ser al contrarío. Conozco a Esther Lopera (@stherLo) mediante Diegoandrés (gran músico y amigo) y me intereso por su música. Es canta autora, con su guitarra y su piano y su voz hace maravillas.

    Hoy, tras el descubrimiento de Diego y que @stherLo me sigue y la sigo en Twitter (@eigual) me ha picado mucho la curiosidad y he llegado a casa y lo primero que he hecho ha sido entrar en su página, en su MySpace, para encontrarme con su música y su voz. Simplemente puedo decir que me ha encantado. Las canciones, las melodías y esa voz que tiene EstherLo, tan única y especial. Esa voz que transmite calma y tranquilidad y una pequeña pena o melancolía única y sincera.

    Solo puedo decir, que llevo casi una hora completa escuchando a stherLo. Escuchando sus canciones. Canciones como “Un día distinto” (por ahora una de mis preferidas), o “Las líneas de algún futuro” (canción que me escalofría, cinco escalofríos para ser exactos), o “A pulso” (una canción para escucharla a solas con tus latidos).

    Tiene más canciones en su MySpace, que stherLo nos regala. Es de admirar que gente como ella, nos regalen canciones como estas. Todo su trabajo y su tiempo. Me quedo sin palabras. Y siento mucho si este post no está a la altura que merece todo el trabajo de stherLo.

    Te invito a que la conozcas. Te la presento así, de repente. Deja que su música entre en ti, como lo ha hecho en mí.

    ——————-

    - MySpace de stherLo

    Os dejo con un vídeo, de una canción que me encanta:





  4. Hasta pronto

    Escribió eigual el día 29 Agosto 2010

    Por problemas personales voy a dejar de escribir durante unos días, unas semanas (no lo sé) en este blog.

    Hasta que en mi vida no se solucione algo que es más importante para mí, que este blog, y que todas las cosas, no voy a volver a escribir más historias, ni más poemas. Porque ni mi cabeza, ni mis pensamientos, ni mis dedos se concentran en nada.

    Mientras tanto podéis leer mi columna semanal para Diario Abierto. O también podéis adquirir mi primera novela, para ir leyendo en mi ausencia.

    Esto no es un adiós. Es un hasta pronto.


  5. Monotema (todo pasa por algo)

    Escribió eigual el día 26 Agosto 2010

    Me decías que todo, absolutamente todo pasa por algo. Recuerdo tu boca torcida y tus ojos rojos apunto de llorar, cuando me hablabas de la única chica de la que te habías enamorado. Yo por aquel entonces era inestable en el tiempo, y en cualquier cosa, menos en la escritura. Eso nunca lo dejaba. Por eso, me gustaba hablar del amor contigo, porque me conocías de sobras y nunca me exigías nada. Te gustaba, en ocasiones hablar de ella. Me contabas que no os conocisteis por casualidad, que todo pasa por algo. Que la casualidad es una nota de música imposible. Imposible de existir. Que todo, absolutamente todo pasa por algo, y no es casualidad precisamente. Que cuando la viste supiste que era ella, porque te miró y no hizo falta decir nada.

    Tocabas en un bar, en ocasiones. Ella lo frecuentaba con unas amigas. No eras un tío machista, pero te pareció que aquella chica estaba soltera y sin compromiso, por como te miraba y se comportaba con las amigas. Pero te equivocaste, estaba felizmente casada. Bueno, eso de felizmente era algo que no tenías muy claro.

    Siempre te dije, que te enamoraste como en las películas. Que eras mi héroe, un personaje sobre el que poder escribir algún día. Un chico que toca la guitarra y se enamora de una mujer tan posible como imposible.

    Te recuerdo, inquebrantable, pero con el cuerpo débil  y las llagas en la lengua por culpa de la quimio, y aún así me decías que aún la recordabas. Que aquellos días, tocabas la guitarra tan sumamente bien, porque las cuerdas de tu guitarra eran para ti restos de su cabello. Te imaginabas que acariciabas su pelo, no las cuerdas. Y de allí, decías, de allí no salía música, salía amor por la guitarra y por mis dedos.

    Lo cierto es, que nunca entendí el puto amor. De hecho, aún a veces no lo entiendo.

    Nunca tuvisteis nada de ella. Ni un simple beso. Ni una caricia. Solo miradas y acordes. Y aún la recordabas.

    Después de ella no llegó nadie más, bueno sí. El cáncer. Ése siempre se quedaría contigo, o eso decías. Ése no te abandonaba. Ya te digo. Si hasta te llevó con él. Pero lo que no sabes es, que te quedaste por aquí conmigo. Si supieras, de verdad, de todo esto que te escribo, utilizarías esa excusa para matarme. Sin embargo, pondría a prueba mi suerte, con tal, de tenerte hoy vivo. Y que conste que me la juego, porque aún recuerdo tu buena puntería en los dardos.

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