1. La chica de la sonrisa

    Escribió eigual el día 9 Marzo 2010

    PhotobucketHace mucho frío en las aceras, pero ella, aún así sostiene un cigarro en la mano, en la puerta de la oficina. Ninguna mañana pierde la sonrisa. Parece que se vista con ella antes de salir de casa. Que sea eso lo más importante. El maquillaje que mejor le sienta a sus labios. El humo sale de su boca despacio. Como si no quisiera separarse de su aliento.

    Ya conozco ese momento. Lo he visto muchas veces. Ahora ella compartirá el poco calor que le queda en su cuerpo con el mismo chico, compañero de rutinas y papeles, que cada mañana se le acerca. Enamorado. Increiblemente enamorado de ella. Como cada mañana. Él encenderá otro cigarro. Y ella dejará su colilla caer al suelo para pisarla luego con uno de sus zapatos de tacón. El chico no le quita ojo, ni siquiera entre calada y calada. La chica bosteza sonriendo. Protesta del trabajo sonriendo. Saluda a uno de sus compañeros, el mismo que la semana pasada se hizo con un mérito que no era de él, sino de ella. Y ella le sonrie. También sonrie hipocritamente. Ella tiene sonrisas para todos. Y para todo.

    El chico apura su cigarro. Ella sonrie mientras intenta escapar de su amable y enamorado compañero. Él la detiene son su voz. Ella se gira sonriendo. Él le propone una comida, una cena, un cine, un loquesea al salir del trabajo. Ella sonrie mientras le responde con un rotundo no. Y sonriendo entra en al oficina. El chico sigue sus pasos. Pensando en la sonrisa de ella. En que cuando te dicen que no sonriendo, te sientes menos rechazado. Aunque en realidad te duela mucho más.

    a 1 lector le gusta este post

  2. El cada día

    Escribió eigual el día 9 Marzo 2010

    Suenan tus dientes. Tiritas por dentro.

    Este frío. Esta lluvia. Estos días sin sol.

    Los gatos se hacen una bola en el sofá

    y te invitan a quedarte un rato más.


    Despiertas y te vistes dando pequeños saltos

    soñando despierta.

    Desayuno tus legañas y me guardo

    un par de besos tuyos en el bolsillo.


    Otro día más nos espera ahí fuera.

    La misma lucha de siempre.

    Nunca dejaré de mirar el reloj a tiempo.

    Nunca dejaré de pensar en tus labios,

    en la casa,

    en los gatos

    y en algún poema.


    Cuando llego a la boca del metro

    me traga de un bostezo.

    Bajo por su garganta entre la gente

    que se queja y me queman con su malhumor.

    Con su sueño.


    Es entonces que me da un calambre.

    Me asalta una duda. Y me detengo. Pienso:

    No te he dado un beso.

    Busco en mis bolsillos los besos que guardé.

    Saco uno y lo dejo en mi mejilla.

    Demásiado pronto para empezar a necesitarlos -me digo-.


  3. Porque sí

    Escribió eigual el día 8 Marzo 2010

    Tenían las manos pequeñas y las sonrisas en los ojos. Yo iba a aquella tienda de videojuegos de segunda mano a menudo. Cuando jugar a los videojuegos era para mi tan importante como ahora escribir. Me pasaba las horas eligiendo los juegos que más tarde ocuparían mi tiempo.

    Y allí estaban ellos. Pequeños. Con ojos grandes. Con mirada sonriente. Con un juego entre sus manos temblando de emoción. Y con apenas doscientas pesetas en los bolsillos. Yo, aquel día había llevado unos juegos para cambiar por otros. Entonces me fijé en un niño moreno. Estaba de puntillas apuntando con su dedo pequeño un juego de la Play. Me quedé mirando su cara de ilusión y emoción y fue en ese instante que me sentí inútil con mis juegos en la mano. Tenía el corazón acelerado. Unas ganas imposibles de acercarme al chico y decirle: Coge el juego. Es para ti. No te preocupes por el dinero. Te lo regalo.

    Sin embargo me quedé quieta con los juegos en la mano y no le dije nada. Él reúnia con su hermano el dinero que tenían. Apenas les llegaba para comprar la caratula del juego. Así que, sin pensarlo dos veces alcancé con mi mano el juego al que ellos no les habían quitado el ojo desde que llegaron. Lo cogí muy despacio y pude ver la decepción en sus rostros. Como el pequeño moreno apretaba las monedas con toda la fuerza que un niño tiene. Y el hermano me habló con los ojos: me lloró con los ojos. Pero no dijeron nada. Se quedaron paralizados. Pensando. O quizá asegurandonse de guardar bien las monedas si no querían perderlas sin querer.

    Me acerqué al mostrador  y mirandoles de reojo para que no se me escaparan hice el cambio. Cambié tres juegos míos por el que los niños querían. Me acerqué a ellos, para que negarlo, con cierta vergüenza. Al principio se asustaron, seguramente que no estaban acostumbrados a hablar con gente desconocida.
    Les tendí el juego en sus manos. Me miraron con sus ojos grandes. Uno preguntó qué por qué. El pequeño moreno miraba a su hermano, esperando su aprovación para coger el juego.

    He visto que no os llegaba el dinero -les dije- y he querido regalaroslo yo, ¿lo aceptáis?. El pequeño bajó la cabeza, el hermano mayor fue el que me habló: Gracias -dijo- pero este juego no era para nosostros. Es el cumpleaños de nuestro papá y él siempre dice que quiere ese juego.

    Me quedé boquiabierta. No supe qué decir. Solamente insistí con la mirada, para que el hermano mayor le indicase con la mirada a su hermano pequeño que podía coger el juego de mi mano. Lo cogieron. Y salieron de la tienda con sus bolsillos llenos de monedas. Sonreí como una tonta. Sin darme cuenta de que toda la tienda de videojuegos había estado contemplando la escena. Desde aquel día cada vez que entraba por las puertas me miraban como si yo fuese de otro planeta, embobados, como si yo hubiese hecho la obra más maravillosa del mundo. Siendo esos niños quienes la hicieron, gastado todos sus ahorros en un regalo para su padre.

    Y desde aquel día, a veces, me da miedo ser en ocasiones como soy.


  4. Sorteo John Locke (Lost)

    Escribió eigual el día 7 Marzo 2010

    PhotobucketPhotobucket

    Va siendo hora de volver a sortear una figura de Fimo. Esta vez me atreví a hacer un personaje bastante famoso, de una serie que ha tenido y sigue teniendo mucho éxito: LOST. Yo soy una de las muchas personas enganchadas a Lost. Seguramente que tú también lo eres. Y quizá no te importaría tener una miniatura en Fimo de John Locke, que por cierto, es uno de mis preferidos.

    Evidentemente, a la vista está, la figura no me ha quedado extremadamente bién. Una pena. Porque tenía ilusión en hacer una replica exacta. Pero hacer personas no se me da nada bien. Así que me ha quedado un John peculiar, con su famosa cicatriz en el ojo, cuchillo en mano y su reluciente calva.

    Como siempre digo, en foto las figura de Fimo pierden. Así que ánimate y apuntáte gratuitamente al sorteo de este mini-Jhon Locke de Fimo hecho por una servidora. Y podrás tenerlo en tus manos.

    El sorteo lo realizaré el próximo Sábado día 13, por la tarde. Haré un vídeo, como la última vez, con la resolución del sorteo realizado con Random.org (como siempre).

    Desde ya, podéis apuntaros con tan solo dejar un comentario en esta entrada, sin olvidar escribir vuestro mail para que me pueda poner en contacto con el ganador/a para el posterior envío.

    Muchas gracias y suerte a todos.

    a 1 lector le gusta este post

  5. Esas noches

    Escribió eigual el día 7 Marzo 2010

    Damian Rice - 9 Crimes

    No bastaba con abrazar la almohada. Todas las noches eran frías y podía escuchar como crujian los cimientos de la casa. Daba miedo. No el sentirte tan sola, sino rozar la certeza de que podías quedarte más sola todavía. Aquellos días intentaba retener el sol. La oscuridad siempre me parecía una boca grande que me iba mordiendo donde más duele. Me contraía. Me hacía una bola, agarrando mis rodillas y apretándolas contra mi pecho y estomágo. Me arropaba con la manta, la única manta que tenía y tiritaba allí debajo hasta que se hacía de día.

    El día siempre traía incertidumbre. Pero miraba el cielo azul, suspiraba y pensaba que las cosas podían cambiar. Que tenía veintitantos años. Que no estaba todo perdido. Yo creía, sabía, que existía una felicidad. Que tenía un nombre, un lugar. Solamente tenía que encontrarla. Tenía que dejar de pisar un camino en el que solo había escombros. Simplemente tenía que dejar de rizar más el rizo. Tenía que cortar la cuerda que me ataba a la infelicidad. Morderla. Trocearla. Triturarla a ser posible.

    Dejas cosas atrás. Momentos. Vivencias. Recuerdos. Personas. Ciudades. Historias. Risas. Llantos. Y de repente, un día cualquiera, dejas de hacerte una bola en la cama, dejas de agarrarte a tus rodillas. Dejas de tiritar. Te pellizcas para comprobar si estás despierta. Si todo lo que te rodea es de verdad. Pides un beso. Otro beso. Otro. Y entonces, esas noches pasan a formar parte de tus recuerdos. Te acuerdas de la cuerda que te ataba, de cómo la rompiste. De todo lo que dejaste atrás. Te sientes orgullosa. Dejas de escuchar crujir los cimientos de aquella casa en sueños.

    Te cuesta acostumbrarte a el bienestar. A la felicidad. A tener más de cinco euros en el bolsillo. A que te den besos de amor. A que te cojan la mano con ternura. A que te digan que te quieren, y que sea verdad. Tienes un gato. Tienes otro gato. Abres la puerta de tu casa, la casa en la que vives. Acaricias las teclas de tu ordenador. A veces te detitenes y piensas ¿cómo es posible?. Tienes otra vida. Otra vida donde la felicidad es posible. No te hace falta morir y abandonar tu cuerpo para reencarnarte en otro cuerpo, en otra vida. No hacía falta rasgar las venas. Decir adiós. Hacer sufrir a quienes te quieren.

    A veces caminas por la ciudad. Te detienes en seco para pensar en todo. Pero nunca logras pensar en todo. Porque las sensaciones, la felicidad, se atoran en tu cerebro. Sientes escalofríos. Tienes miedo a perderlo todo. A volver a tu vida, a aquel frío, a esas noches a solas. Pero solo lo piensas. Luego sabes que nada de eso va a ocurrir. Ya no eres la misma. Ahora eres otra persona. Que lucha. Que persigue sus sueños. Que sabe cortar las cuerdas que le ahogan. Todo ha cambiado.

    Y a veces, aunque han pasado ya tres años. Sigo necesitando ese te quiero y ese maullido de mis gatos, para asegurarme de que todo, de que todo esto, sigue siendo cierto.

    a 1 lector le gusta este post

Mas entradas